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Elecciones en Cataluña 3 El día después

Instalados en la división

bloqueo 3Las elecciones constatan el empate entre bloques y no ofrecen vías para solucionar la maraña catalana incógnita 3Puigdemont no aclara si volverá para tratar de ser investido

 

Mariano Rajoy ofreció ayer una rueda de prensa al término del Consejo de Ministros. - ÓSCAR DEL POZO

Puigdemont hace una valoración de los resultados electorales, ayer en Bruselas. - efe / STEPHANIE LECOCQ

DANIEL G.
23/12/2017

Pierdan toda esperanza quienes busquen en el resultado del 21-D una solución a la división de la sociedad catalana. Al contrario: las elecciones autonómicas han servido para perpetuar el empate entre bloques, con la particularidad de que los electores han premiado a las fuerzas de cada lado que con más ahínco han combatido la posición del contrario. La victoria de Ciutadans sirve para avisar del vigor de los partidarios de la línea dura contra el procés; el resurgimiento de Carles Puigdemont y la mayoría absoluta independentista constatan que el movimiento no es coyuntural.

Si el jueves fue un día excepcional en todos los sentidos –votación en laborable, récord de participación, victoria de un partido antiindependentista–, Cataluña seguía ayer instalada en la maraña de los últimos años. Los protagonistas de la jornada de resaca fueron los mismos que han marcado la política catalana y española de los últimos tiempos: Puigdemont, Mariano Rajoy, el Tribunal Supremo.

Todos los partidos se pusieron a hacer números, pero esta vez un acuerdo independentista parece más fácil que en el 2015. En aquella ocasión, la robustez de los 10 diputados de la CUP alargó dos meses la agonía y dobló el brazo de Artur Mas. La participación activa de los antisistema, que se han quedado con cuatro diputados, no será esta vez necesaria para investir a un president; bastará con que se abstengan en la segunda vuelta.

Otra cosa es que sea fácil encontrar candidato. Pasada la campaña, Puigdemont tendrá que afrontar con realismo la situación: contra lo que ha dicho todos estos días, será detenido en cuanto ponga un pie en España. El problema es que el pensamiento mágico de que no podrían arrestarle si ganaba las elecciones le ha dado muchos diputados, hasta el punto de que Junts per Catalunya mantiene por los pelos (11.000 votos por encima de ERC) la hegemonía en el ámbito independentista. Los 940.000 catalanes que le apoyaron esperan que cumpla su promesa, aunque formalmente no lograse el triunfo.

El president cesado, que en circunstancias normales sería el principal aspirante a la investidura por la imposibilidad de que Inés Arrimadas logre los apoyos necesarios, propone de momento a Rajoy mantener un encuentro fuera de España y no aclara si acabará regresando. El presidente del Gobierno le contestó con el desdén habitual: dijo que con quien debería reunirse es con Arrimadas, porque es quien ganó las elecciones. Con las dificultades para encontrar un candidato plausible a presidente –el nuevo Parlament tendrá de momento 19 imputados–, el alivio de los independentistas solo se entiende porque en la campaña percibieron un riesgo real de perder la mayoría absoluta.

¿AUTONOMISMO? / Por lo demás, el 21-D les dejó con dos escaños menos, con un porcentaje de voto inferior al del 2015 y con muchas incertidumbres acerca del futuro Ejecutivo. ¿Con qué programa gobernarán, ahora que la vía unilateral parece agotada? ¿Se resignarán a capitanear una legislatura autonomista?

ERC ya ha movido ficha para intentar sobreponerse con rapidez a un resultado que no esperaban. Tras encabezar las encuestas durante los últimos meses, los republicanos fueron terceros el 21-D, aunque sus 32 diputados y sus más de 900.000 votos constituyen las mejores cifras de su historia. Marta Rovira marcó ayer las directrices del partido: la prioridad es ahora el retorno del «Govern legítimo». Es decir, que los republicanos dejan a Puigdemont la presión de decidir si vuelve, como ha prometido. Y si no lo hace, que explique por qué. Rovira es también protagonista en la crónica judicial del día. La número dos de Esquerra es uno de los nuevos imputados por rebelión. Han pasado muchas cosas en dos meses. La vida política en Catalunya sigue igual. Las elecciones han enconado más si cabe las posiciones. La campaña ha terminado, pero el 22-D ha demostrado que la incertidumbre no era un fenómeno pasajero. Ahora nubla también el futuro.