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La ruptura con el PSC deja en precario la gestión de Colau

La alcaldesa hace encaje de bolillos para asumir de nuevo las áreas que delegó en los socialistas.El PDECat y ERC avisan de que no darán carta blanca a Barcelona en Comú y exigen que ejecute el divorcio

 

Ada Colau y Jaume Collboni, en el acto de firma de su pacto de gobierno, en mayo el 2016. - RICARD CUGAT

TONI SUST
13/11/2017

Ada Colau y sus 10 concejales han afrontado este lunes un día complejo. Se les acumula el trabajo, literalmente. La expulsión del PSC del gobierno obligará a los representantes del grupo de Colau a asumir de nuevo las áreas de gobierno  y los tres distritos que delegaron en un socio que les ha durado año y medio.

En adelante, Barcelona en Comú volverá a afrontar la gestión de la ciudad con una precariedad considerable. El gobierno, como sucedió desde el principio de mandato hasta mayo del 2016, estará compuesto únicamente por 11 concejales.

Colau se ve obligada a recuperar las áreas de Cultura y Promoción económica. En Cultura, tocará elegir a uno de sus ediles como máximo responsable y designar a un comisionado para que se encargue del día a día. Al asumir el área, Collboni se propuso nombrar comisionado a Xavier Marcé, que fue vetado por Barcelona en Comú. Marcé se convirtió en asesor del socialista en temas culturales y en la práctica desarrolló esa labor. En Promoción económica, el problema no será solo sobrecargar de trabajo a uno de los 11 concejales de BC, sino ver cómo afronta la relación con sectores que denunciaron que no tenían interlocutor hasta que llegó en Collboni.

Por distritos, tocará reemplazar como concejales a los socialistas Daniel Mòdol (Sarrià), Montse Ballarín, (Eixample) y Carmen Andrés (Sant Andreu). Traspasarles la dirección de esas tres zonas supuso un alivio de trabajo en el día a día que ahora se esfumará. El reparto no será nada fácil: este lunes por la noche el nuevo cartapacio municipal seguía por cerrar.

Presupuestos
Después tocará ver cómo afronta Colau las votaciones de los temas relevantes que quedan por definir. Están más que citados: presupuestos, terrazas, funeraria pública, tranvía. Algunos pueden quedar relegados hasta el próximo mandato sin drama alguno: el tranvía, la funeraria. Los presupuestos, no, pero la alcaldesa sigue teniendo la opción de recurrir a una cuestión de confianza, como el año pasado: si el proyecto de cuentas del gobierno no prospera, se abre un proceso de un mes para que la oposición elija a otro alcalde. Si la oposición no suma 21 concejales en favor de un candidato, y la aritmética sigue indicando que no sucederá, porque requeriría incluir a ERC y Ciutadans en una fórmula, Colau verá automáticamente aprobado el presupuesto para el 2018.

Tanto el PDECat como ERC se comprometieron a no poner en aprietos a la alcaldesa si echaba al PSC del gobierno, pero fuentes de los dos grupos precisan que no tienen intención de dar carta blanca a Barcelona en Comú en grandes temas en los que no estén de acuerdo. No apretarán la soga, pero exigen que se certifique el divorcio con los socialistas y reprochan a Colau que dijera que los ‘exconsellers’ que están en prisión deben dar explicaciones de su actuación en cuanto salgan en libertad. Los presupuestos podrían dar pie a los primeros gestos de la nueva era. Estrictamente, los republicanos y los exconvergentes se comprometieron a "no hacer caer" a la alcaldesa si rompía con los socialistas. Pero todo está en gran parte a expensas de lo que pase en las elecciones autonómicas del 21 de diciembre y de las alianzas que generen sus resultados.  

Primeros gestos
Este martes, se votará en la comisión de Economía la aprobación inicial de los presupuestos para el 2018. Hace una semana, la oposición hubiera votado en contra. Ahora, el PDECat sopesa abstenerse, algo que no se descarta en ERC, aunque los republicanos, como la CUP, preferirían que se retirará el punto. Otro giro posible: que el PSC también se abstenga.