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en una generación de emociones, propias y ajenas

El castellonense Ismael del Valle y su danza ‘no invisible’ triunfa en Suiza

Apela a cambiar la mentalidad y poner en valor el trabajo en artes escénicas. El ‘Billy Elliot’ de la capital de la Plana prepara dos coreografías en Basilea

 

Ismael del Valle, una perfecta combinación de movimientos, sensaciones, y belleza mayúscula para la danza. - CÉSAR QUEZADA

VICENTE CORNELLES
19/01/2019

Ismael del Valle triunfa en Suiza. Su danza no es invisible. El castellonense (del Grao para más señas) es arte, se siente libre en una pléyade de generación de emociones propias y ajenas, y siente en una concatenación de expresión corporal, suma belleza y ambiciosas perfecciones.

Actualmente, el artista pasa sus días en el Teatro Municipal de Basilea, donde trabaja en una doble producción de nuevas coreografías del checo Jiri Pokorny y el inglés Thomas Noone.

Entró en el mundo de la danza a través de la gimnasia rítmica hace unos años , un deporte «casi exclusivamente de chicas», y consiguió tres veces el campeonato nacional masculino. No obstante, lo que más deseaba era poder utilizar su cuerpo como «herramienta artística». Un Billy Elliot de la Plana (no le importa que le llamen así), aunque, a diferencia del de la película y del musical, él sí tuvo «el apoyo total» de sus padres «desde el primer día».

Tras estudiar en el Real Conservatorio Profesional de Danza Mariemma de Madrid (uno de los mejores del mundo), donde expuso sus argumentos coreográficos, pudo obtener una plaza en Basilea, y comenzar a hacer realidad sus sueños de artista desde el corazón, la ternura y los adagios.

«PERFECTOS DESCONOCIDOS» // Un bailarín que comprueba cómo la concepción de la danza en Suiza no es la de España. «Los bailarines no solo tienen la admiración de los propios ciudadanos, sino también la de países vecinos, y los convierten en estrellas». «En otros lugares, como España, son perfectos desconocidos», dice.

«En Suiza descubrí otro mundo. Si bien son culturas diferentes, porque en España somos de estar en la calle y aprovechar el sol, mientras que en Suiza el tiempo te obliga a estar en teatros o cines. Necesitamos mucha concienciación y afición a ir a museos y a la cultura desde pequeños», relata el joven.

Añade que «hace falta» valorarles y concebir las excelencias de la danza como «trabajo y futuro, estabilidad y poder formar una familia». Tiene la mente bien amueblada con 22 años y cree en sí mismo. Su deseo quimérico, bailar en el Nederlander Theatre de La Haya. Lo hará.