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Espectáculos

 

en Ibiza, a los 85 años

Fallece Edith Sommer, la artista auténtica que superó la falsedad

Fue esposa del polémico escritor Clifford Irving y se vio envuelta en el escándalo por las falsificaciones de Elmyr de Hory y la falsa biografía del magnate Howard Hughes

 

Edith Sommer. - DIARIO DE IBIZA

FERNANDO DE LAMA (DIARIO DE IBIZA)
30/06/2020

Edith Sommer, de nacionalidad suiza, nació en la localidad alemana de Schwäbisch Gmünd en 1935. Comenzó a pintar desde muy pequeña, aunque no expuso su obra hasta los 25 años, en 1960, ya casada con su primer marido, Dieter Rosenkranz, y con dos hijas, Nicol y Katia, adelanta 'Diario de Ibiza', diario de Prensa Ibérica.

En aquella primera muestra, en Colonia, oyó hablar por primera vez de Ibiza. Fue a través de un representante de la galería Ivan Spence de Dalt Vila, que le recomendó la isla para pintar y la sala para exponer.

Llegada a Ibiza

La artista se instaló primero en Saint Tropez, pero en 1962, aprovechando un viaje a Barcelona porque su marido había comprado dos obras de Tàpies, decidió conocer la isla de la que le habían hablado. Nada más aterrizar y solo con la vista desde el avión, cambió el billete de vuelta de tres a seis días y se fue directa a la galería de Ivan Spence, donde, aseguraba años después, se sintió como en casa.

Ese mismo año se divorció y se instaló en Ibiza, tras comprar una casa payesa, Cas Formenterer, en la carretera de Sant Josep. En la isla pronto comenzó a moverse por los ambientes artísticos junto al que fue su gran amigo desde el principio, el conocido falsificador de arte Elmyr de Hory, aunque ella no supo de la trama de falsificaciones hasta mucho después.

En 1964, en ese ambiente bohemio, conoció al polémico escritor Clifford Irving, con el que después de varios meses de relación acabó casándose y con el que tuvo dos hijos más, Barnaby y Nedsky. Sus diez años de matrimonio con Irving estuvieron rodeados por el escándalo. Todo quedó reflejado en la película 'F for fake', de Orson Welles, que mezcla un documental previamente rodado por un director francés sobre Elmyr de Hory con la supuesta biografía del magnate Howard Hughes que había publicado Irving.

El millonario les demandó por haber publicado una historia falsa sobre su vida y tanto el escritor como Edith Sommer acabaron pasando algo más de un año en prisión, ella en Suiza, donde la pintora aseguraba que había aprendido mucho. Este episodio es el que refleja la película 'La gran estafa', en la que Richard Gere hace de Clifford Irving y Marcia Gay Harden encarna a la propia Sommer. A la artista la película no le gustó nada y consideraba que la estafa era pagar por ir a verla.

A mediados de los 70 se divorció de Irving y se casó con el abogado neoyorquino Bill Maloney, con el que abrió en Ibiza la galería de arte Maloney. Con él pasó otros diez años hasta que, harto de la vida bohemia y de la isla, regresó a Nueva York. Aunque la artista no volvió a casarse, siempre mantuvo una relación muy cercana con sus dos primeros maridos, que incluso pasaban temporadas en su casa ibicenca. "Con cincuenta años decidí que ya no me volvería a casar. Fue entonces cuando puse calefacción en la casa. Pensé que era mejor calentar la casa con calefacción que con otro marido", confesó hace unos años en una entrevista con Diario de Ibiza, firmada por Vicente Valero. Irving falleció en 2017.

Carrera artística

En todos estos años mantuvo su carrera artística, creando en su estudio ibicenco una obra muy reconocible, pese a que fue cambiando de estilo con el tiempo: desde figuras realistas envueltas en ambientes oníricos a obras abstractas, todas ellas dominadas por una luminosidad propia del Mediterráneo y colores muy marcados. Una obra franca y auténtica, alejada de ese mundo de falsificaciones en el que se vio envuelta. Expuso regularmente en Ibiza, en Barcelona, en museos y galerías de Alemania y Francia y también en Nueva York o Houston.

La pintora siempre se mostró enamorada de Ibiza, de aquella isla que conoció en los 60, pero también de la que se abrió al turismo, porque, como aseguró en más de una ocasión, los que habían descubierto este paraíso no tenían derecho a guardárselo para ellos solos. Incluso cuando su solitaria casa payesa, enclavada en la zona de Can Bellotera, se vio rodeada de industrias y supermercados: "Ibiza ha cambiado mucho, pero también nosotros hemos cambiado, los que vinimos hace cuarenta o cincuenta años. Hay más ruido, sí, pero nosotros estamos más sordos. Una cosa compensa a la otra", comentó con ironía a Diario de Ibiza en 2012.