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ENTREVISTA

Laurent Binet: "Los incas eran mas tolerantes, no por bondad sino por cálculo"

El escritor francés imagina en 'Civilizaciones' una ucronía en la que Atahualpa habría 'descubierto' y conquistado Europa

 

El escritor francés Laurent Binet, en su visita a Barcelona. - FERRAN NADEU

ELENA HEVIA
10/09/2020

Pónganse a imaginar. Es sabido que los vikingos llegaron a las costas de Canadá, pero ¿y si hubieran decidido viajar por el litoral del continente hacia el Sur y hubieran surtido a los indios de hierro y de caballos? ¿Y si Colón hubiera muerto prematuramente a su llegada a América sin poder comunicar a los Reyes Católicos su 'descubrimiento'? Es probable que en España, tras la desaparición del marino, pensasen que aquel derrotero hacia el oeste no era viable y, al revés, ¿podían los incas interesarse por las tierras al otro lado del océano y atreverse a cruzarlo?

El francés Laurent Binet le ha dado la vuelta como un calcetín a la Historia en 'Civilizaciones' (Seix Barral / 1984) para inventar una ucronía, es decir una Historia alternativa, en la que el último emperador inca, Atahualpa, no muere a manos de Pizarro, sino que atraviesa el Atlántico, descubre Europa y se enfrenta al rey más poderoso de la cristiandad, el emperador Carlos V. Valeroso como sus héroes, Binet, que prepara el guion para una adaptación televisiva, ha sido el primer autor extranjero que se ha atrevido a desafiar la pandemia y viajar a Barcelona. A fin y al cabo, su fantasía pone al imperio español en el centro del relato.

Que los nazis ganaron la guerra es algo a lo que nos tienen acostumbrados innumerables ucronías. Lo de los incas conquistando Europa es bastante más original y más difícil de creer. ¿De donde surgió esta idea?

Visité el Salón del Libro de Perú y eso me permitió hacer una inmersión en historia precolombina, que me fascinó. Al volver a París leí un libro en el que se planteaba la pregunta de si Pizarro había capturado a Atahualpa, por qué no podía haber ocurrido lo contrario, Atahualpa capturando a Carlos V. Era una idea divertida.

Y en sintonía con ello sacó el titulo de un videojuego.

Escribí la novela como un juego de estrategia. 'Civilización', el juego, es muy adictivo, jugué mucho a él cuando era más joven. El punto de partida es que tenemos unos 200 hombres que ponen los pies en un territorio desconocido y se van a imponer en él. Dicho así parece imposible pero es lo que realmente sucedió con Hernán Cortés y con Francisco Pizarro. Examinado con distancia había muchos paralelismos entre los imperios precolombinos y Europa en el siglo XVI. Los incas estaban en plena guerra civil pero Europa era un auténtico avispero con la reforma de Lutero y la contrarreforma católica.

Su narración funciona como un espejo de la realidad, un tanto deformante.

Sí, Cortes aprovechó la ventaja que le daba el hecho de que los aztecas pensaran que era un dios del sol gracias a su reluciente armadura. Así que imaginé que cuando Atahualpa llega a Europa coincide con el momento en el que Copérnico establece que Dios está en el centro del universo y eso favorece la religión del sol del inca. Ese es solo uno pero cada vez encontraba más y más paralelismos.

¿Cómo se puede escribir en contra de la lógica de la Historia?

La lógica es la misma. Solo cambian algunos acontecimientos y eso lo transforma todo. Se establece una hipótesis y luego se sigue con rigor porque hacer una ucronía requiere un buen conocimiento de la Historia.

¿Acepta que también se puede leer como una novela de humor?

Sí, porque uno de los aspectos que me interesaban era esta mirada del otro sobre nuestra sociedad. Si contemplas cualquier elemento religioso desde fuera siempre parece exótico y ridículo.

Como los cristos crucificados que inquietan a los incas.

Eso es. Contemplado sin contexto, un crucifijo es algo muy raro.

Es como una mirada antropológica.

Eso es. Poner distancia sobre las cosas que damos por sabidas es algo muy positivo. Permite replantear nuestros prejuicios. Y además es un mecanismo que utilizó Montaigne cuando en sus ensayos habló de los caníbales que llegaron a Ruan o Mostesquieu en sus 'Cartas persas'.

De este libro se desprende la idea de que la conquista inca habría sido bastante más humanitaria de la que hicimos los españoles. ¿No olvida que también era un pueblo autócrata y cruel?

No sabemos mucho sobre los incas pero sí que eran conquistadores, guerreros y que solían masacrar a sus enemigos. Pero tenían una cualidad al estilo romano y es que no imponían su religión a los pueblos conquistados, y eso lo cambia todo. Por eso no me parece absurdo imaginar una Europa liberada del fanatismo religioso que sirvió como pretexto a tantas guerras. Creo que los incas eran más tolerantes, no por bondad, sino por cálculo, para encontrar aliados.

Uno de los episodios de su novela es el de la revuelta campesina del sur de Alemania, que curiosamente es también el tema de la última novela de Éric Vuillard, La guerra de los pobres. ¿Qué eco tiene hoy ese episodio?

Yo creo que para la novela de Vuillard el referente es la revuelta de los chalecos amarillos pero quizá nos acordamos más de ese episodio no demasiado conocido porque hay una situación prerrevolucionaria en todas partes del mundo: en Hong Kong, en Chile, Bolivia y Francia. Nunca imaginé que iba a ver barricadas en los Campos Elíseos como si fuera una novela de Víctor Hugo.

Y siguiendo con la actualidad, ¿diría que su novela se podría interpretar como el inicio de nuestra globalización?

Bueno, fue la primera, sin duda. El capitalismo nace en Italia en el siglo XV pero no es hasta el siglo posterior que se produce su desarrollo gracias a los banqueros alemanes y holandeses que toman el poder económico. Es divertido que este libro salga en un momento en que podemos pensar que el capitalismo está entrando en su fase terminal, sé que hace tiempo que se dice eso, pero la agonía no puede durar mucho porque la sensación es que o se muere el sistema o nos morimos nosotros.

¿No ha tensado demasiado la credulidad del lector colocando una pirámide de sacrificios el patio del Louvre?

Es un guiño. Sí, en un principio pensé que era too much pero me alegra haberlo dejado porque los lectores se han reído mucho.

¿Por qué acabar la novela con Cervantes?

Queria demostrar que la Historia no se acababa con la muerte de Atahualpa, porque la Historia nunca se acaba y necesitaba una elipsis de varias décadas para mostrar adonde había llegado Europa. Además era una forma de cambiar el punto de vista de los incas y quién mejor que Cervantes.

Admite haber hecho un pastiche literario.

Sí, ¿qué hay de malo en ello? No uno, sino varios.