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Espectáculos

 

ESTRENO

¿Puede un pizzero de pueblo escribir una obra maestra?

Rémi Bezançon se introduce en los mecanismos del mundo editorial en la película 'La biblioteca de los libros rechazados'

 

Rémi Bezançon, durante el rodaje de La biblioteca de los libros rechazados. / - J. SAUVEUR GAUMONT

BEATRIZ MARTÍNEZ
17/06/2019

En 1971, Richard Brautigan publicó 'The abortion. An historial romance', en la que el protagonista trabaja en una biblioteca que aceptaba en depósito libros inéditos que ninguna editorial ha querido publicar. Esa idea la recogió David Foenkinos para escribir 'La biblioteca de los libros rechazados', que ahora ha sido llevada al cine por el francés Rémi Bezançon ('El primer día del resto de tu vida').

"Hay dos cosas que me gustaron de la novela de Foenkinos -cuenta el director-. La idea de que en cualquier sitio puede haber una obra maestra de la literatura escondida y que toda la trama girara en torno a una investigación literaria en la que el detective es un crítico que no busca a un asesino, sino al autor desconocido de un libro".

Una joven editora encuentra en una recóndita biblioteca de Bretaña, que homenajea el espíritu de Brautigan, un manuscrito que una enorme calidad que deja a todos aquellos que la leen en choque por su maestría. Después de su publicación, se convierte en un éxito de ventas, pero Jean-Michel Rouche (interpretado por el mítico Fabrice Luchini), un crítico despiadado, no está muy convencido de la autenticidad de toda esta historia que se ha montado alrededor de este libro recuperado del olvido: le parece todo fruto de una estrategia de márketing. ¿Quién escribió realmente esa obra tan refinada? ¿De verdad fue el desaparecido pizzero del pueblo, Henri Pick, como quieren hacernos creer?

El director, junto con su pareja y colaboradora habitual, Vanessa Portal, se introdujo en el mundo editorial para escarbar en algunas de sus miserias y hablar de la frustración de muchos autores que no llegan a alcanzar el éxito; escritores que a pesar de su calidad no logran la suficiente atención por parte de los medios, ni hueco en la mesa de novedades de las librerías, condenados inevitablemente a la invisibilidad.

También se cuela por las rendijas del relato la crisis en la que hace tiempo se encuentra instalado el sector cultural. "Hace poco leí un artículo que decía que, si los jóvenes no estuvieran tanto en las redes sociales, podrían leer hasta 200 libros. No está mal. Se lee menos porque se prefiere Twitter y se va menos al cine porque se tiene Netflix en casa".

La película está ambientada en la región de Bretaña y enfrenta a los petulantes círculos intelectuales de la capital parisina con la franca sabiduría de los lugareños para poner en evidencia los prejuicios entre ciudad y campo. El director reconoce que no manejó influencias para componer la película, pero cuando se nombra a Claude Chabrol y sus intrigas burguesas-rurales reconoce que algo de eso hay en la película. "Aunque el mayor piropo me lo hizo Fabrice Luchini, que fue uno de los actores fetiche de Eric Rohmer. Me dijo que rodaba muy parecido a como lo hacía el maestro y eso me hizo mucha ilusión".