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CONCIERTO DE LEYENDA

Roberto Abbado y su virtuosismo logran emocionar al Auditori

El milanés, heredero de una familia de maestros de la batuta, dirige la Orquestra de la Comunitat

 

Una imagen de Roberto Abbado, ayer en el Palau de Congressos. - GABRIEL UTIEL

VICENTE CORNELLES
14/01/2019

Magistral Abbado. Hijo de Marcello, músico excepcional, y sobrino de Claudio, batuta universal, como si fuera una ilustre familia del Senado romano convertida en el arte del pentagrama y de los sentimientos.

Los centenares de melómanos que llenaron el Palau de Congresos de Castellón fueron testigos de un concierto excepcional con un Roberto Abbado al frente de la Orquestra de la Comunitat Valenciana (OCV) y con la soprano sueca Elin Rombo como solista.

La agrupación titular del Palau de les Arts interpretó la Cuarta, de Mahler, una de las más breves del repertorio sinfónico del músico bohemio-austríaco y la rapsodia para soprano y orquesta Knoxville: Summer of 1915, del estadounidense Samuel Barber. Y la Tercera Sinfonía, de Schubert.

Calidad suprema en una audición que ya se califica de histórica en estos primeros compases del año 2019. Sublimación de los sentidos y grandeza de un don que solo tienen los iniciados, en este caso un Roberto Abbado meticuloso y carismático en el noble oficio de la dirección de orquesta. Excelso.

El concierto de Roberto Abbado es la única cita sinfónica del titular de la OCV en la temporada 2018-2019 y solo actuó en Castellón, al margen de su compromiso con València. Y es que Abbado se erige como principal batuta en el coliseo de Les Arts con tres títulos de ópera: dos incursiones en el repertorio verdiano: I masnadieri y Rigoletto, además de Lucia di Lammermoor, de Donizetti, compositor fetiche del director.

LA ‘DIVA’ DEL NORTE // Por su parte, la soprano Elin Rombo, demostró el por qué es una de las grandes y habituales en los principales teatros y auditorios del norte de Europa, con plazas de referencia como la Staatsoper Unter den Linden de Berlín, la Opéra National de París o el Festival de Salzburgo y trabajos con batutas como sir Colin Davis, Riccardo Muti, Ingo Metzmacher y Harding.

Generó emociones, articuló sensaciones y superó con creces las exigencias de un público que era consciente que estaba asistiendo a un hito fundamental en la historia de la música clásica en Castellón, bajo la égida de la veterana Sociedad Filarmónica.