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CASTELLONENSES POR EL MUNDO

Así es la vida en Venezuela de Olimpia, una peluquera canina de Castellón

Madre de dos hijos, ha pasado ya la última década en la ciudad de Boconó, "un paraíso natural entre montañas"

 

Imágenes de la castellonense Olimpia López en su patria adoptiva, Venezuela. - MEDITERRÁNEO

RAFAEL FABIÁN
29/09/2019

Antes que nada, Olimpia López advierte que no quiere hablar de política. La situación institucional de Venezuela es cuanto menos controvertida y esta castellonense de 38 años, que ha pasado la última década en el país suramericano, prefiere no pisar ningún charco públicamente. Sí desvela esta peluquera canina que ejerce en la Ciudad de Boconó, del Estado de Trujillo, que se ha adaptado a la perfección a la idiosincrasia local, y tanto es así que se le ha pegado el acento: “Mi madre me dice cuando hablo con ella que parezco canaria”.

Sobre su ciudad de adopción, afirma que Boconó “es un pueblecito precioso situado en un valle entre montañas en la zona andina”, que se encuentra a unas ocho horas de la capital, Caracas. “Esto es muy tranquilo”, desvela Olimpia, que al margen de su empleo también cuida de sus dos hijos pequeños.

-¿Cómo decidiste emprender la aventura de viajar hasta Venezuela para residir allí?

-Conocí a mi marido en Castelló, y de hecho allí me casé y tuve a mi primer bebé. El tema es que nos cogió la crisis y cerró su empresa. Solo con un sueldo no daba, así que como es venezolano nos vinimos. A mí me hubiera gustado ir a Suiza, pero el idioma le dio miedo y me dijo de probar en su país. En principio iba a ser pasajero, pero ya llevamos diez años y no tenemos idea de volver. Tendría que pasar algo muy feo para que saliéramos corriendo.

-¿Te fue sencillo hacerte a una nueva cultura, costumbres, gente…?

-En un principio no, porque aquí hay más machismo. Por ejemplo, llevo tatuajes y cuando vine fumaba, así que la gente me miraba un poco mal. Después aunque el idioma es el mismo, hay expresiones como coger o tirar que no tienen el mismo significado que en España… así que creían que era una grosera. Ahora la gente ya me conoce y en estos diez años ya tengo un gran círculo de amistades y la peluquería canina me funciona bien. Pese a que Boconó es pequeño, la gente está concienciada con el cuidado de los animales.

-¿Cómo está la situación del país? Porque las noticias que llegan a España no son muy positivas.

-Está un poco tensa, pero hace un año estaba peor. Ahora desde que hay que pagar con dólares se mueve un poco más el comercio, pero ya se han ido muchísimas empresas. Por ejemplo, el Grupo Inditex, con Zara, Bershka... solo está ya en Caracas, en el resto del país ha cerrado todas sus tiendas. Hay mucho descontrol en temas como la alimentación o medicamentos porque se paga mucho y se gana muy poco, así que se ha creado un mercado negro que aquí llaman bachaqueo.

-¿Los sueldos dan para vivir o para sobrevivir?

-El problema es que muchos cobran en bolívares y después tienen que pagar en dólares. El cambio ahora está a unos 19.000 bolívares por dólar y el sueldo mínimo está en 80.000 bolívares por quincena de trabajo. Teniendo en cuenta que un kilo de queso, por ejemplo, vale 60.000 bolívares…

-La verdad que suena muy mal para la población...

-También es verdad que luego te encuentras con casas y coches espectaculares, de gente que supongo que tendrá inversiones en el extranjero. Hay gente de aquí que lo pasa mal y solo come una vez al día, pero lo cierto es que otros se acostumbraron a que el gobierno les diera todo y no quieren trabajar. Además no se paga luz ni agua, y la gasolina es regalada, pagas la voluntad al chico que te la pone porque al haber tanta… Es una pena porque es un país muy rico que tiene muchísimo petróleo, oro, diamantes, carbón…

-¿Qué es lo que más te ha llamado la atención desde que emigraste?

-La naturaleza. Esto es muy salvaje. Estando en casa te puedes encontrar por ejemplo con guacamayos, que son como loros gigantes que vienen a pedirte comida pese a que están en libertad (vídeo inferior). Donde vivo lo llaman el jardín de Venezuela por lo verde que es.

-¿Qué es lo que más echas de menos de tu ciudad, Castelló?

-La playa. Además de mi familia, por supuesto. Después también lo limpio que está todo allí y la calidad de vida. En Castelló podía irme de marcha e irme sola a casa, aquí después de cierta hora es muy peligroso. Nunca me han robado ni atracado, pero mi esposo me recrimina que soy muy confiada por ir hablando con el móvil por la calle, por ejemplo, pero soy creyente y me encomiendo a Dios.

-¿Cuáles son las principales diferencias de la gente entre Venezuela y Castellón?

-Lo cierto es que somos parecidos, gente abierta, educada y muy amable. Sí es verdad que aquí conducen muy mal (sonríe), no hay reglas.

-A nivel gastronómico, ¿en qué se diferencia su cocina de la nuestra?

-En todo. Intento ir a restaurantes españoles, pero paellas como la de mi madre, ninguna. Después todo lo condimentan mucho. El sabor de las comidas es muy fuerte.

-¿Cuál es el plato más típico que podemos pedir en Venezuela?

-El pabellón criollo, que lleva alubias negras, arroz, plátano macho frito y carne mechada. La gente lo acompaña con papelón con limón, que lleva zumo de limón, azúcar de caña y agua.

-¿Recomendaríais vivir en Venezuela?

Hoy por hoy, no. Cuando se regularice y vuelvan a invertir los que se fueron, sí, porque es un país espectacular.

-¿Y visitarlo, es seguro para el turista?

-No. Si vienes sin nadie que conozca Venezuela, no. Me traería a mi familia porque sé dónde puedo entrar y dónde no. Lo recomiendo por la belleza, pero por la seguridad, no, aunque esto va a cambiar.

-¿Qué diríais que es imprescindible para visitar en Venezuela?

-Todo es muy bonito. Las playas, la montaña, los ríos… hay unas cascadas que te quedas muerto, es demasiado bello. Es todavía muy virgen.

-¿Te has arrepentido en algún momento de viajar al Venezuela?

-En alguna ocasión, sobre todo al principio. Los dos primeros años. Después una se acostumbra.

-¿Cuál ha sido tu mejor y peor momento en estos años?

-Uno de los mejores cuando nació mi hijo, pero también cuando pudimos comprar una casa propia que sería impensable tener en Castellón. Parece una villa de Benicàssim. Estoy muy orgullosa de mis logros personales y profesionales, de ser una persona libre y seguir con mi marido. Lo peor, quizá cuando al principio intentaban hacerme de menos por ser de fuera. Algunos me recordaban incluso cuando Bolívar echó a los españoles y todo, pero tengo una personalidad muy fuerte y les contestaba. 

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