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PROCESO JUDICIAL

La caída de Uribe arrastra a su delfín

El arresto del mandatario conservador colombiano por presuntos sobornos y falsos testimonios ha provocado un fuerte terremoto político. Una encuesta reciende indica que el 64% de la población apoya la detención del politico derechista

 

El expresidente Álvaro Uribe llega a la Corte Suprema de Justicia en Bogotá el pasado mes de octubre. - REUTERS / LUISA GONZÁLEZ

ABEL GILBERT
15/08/2020

Colombia tiene unos 440.000 contagiados y más de 14.000 muertos por coronavirus. Se han recuperado casi 251.000 personas. Muchas permanecieron aisladas durante días en las salas de cuidados intensivos. Cuando les dieron el alta se encontraron con una noticia inesperada. Delante de sus ojos, todavía titubeantes, el reloj del país había marcado lo que tiempo atrás algunos analistas habían denominado "la hora cero": Álvaro Uribe, el hombre que había gobernado Colombia entre el 2002 y el 2010 y que una década más tarde seguía siendo una figura política determinante convencido de estar más allá del bien y el mal se encontraba bajo arresto domiciliario desde el 5 de agosto.

"Fui reseñado como preso #1087985 por confrontar testimonios en mi contra comprados por las FARC, su nueva generación y sus aliados", se quejó. Y para colmo, el Tribunal Supremo confirmó su suspensión como senador mientras se tramita la causa judicial por sobornos y falsos testimonios que remece al país. Uribe cree vivir una pesadilla: se ha enterado que un 64% de los colombianos está de acuerdo con su detención.

El adalid de la mano dura en la guerra interna contra la guerrilla y, además, fundador del partido de derechas Centro Democrático, actualmente en el poder, asegura que ha sido imputado sin pruebas y solo a partir de "inferencias". Desde las redes sociales ha pedido "transparencia" en su proceso. Como respuesta ha recibido la la solidaridad de todo el espectro conservador mundial, con José María Aznar a la cabeza. El último en sumarse a esta lista fue este viernes el vicepresidente de EEUU, Mike Pence.

Su detención ha estado precedida de ocho años de investigaciones en las que se mezclan paramilitares y todo tipo de furtivas coacciones. Todo comenzó cuando Uribe y su hermano fueron relacionados con la creación de grupos armados de ultraderecha en una finca familiar. El exmandatario reaccionó airadamente y acusó al senador de izquierdas Iván Cepeda de estar detrás de esas denuncias, basadas en el testimonio de un exsicario que cumplía una condena. Pero en vez de poner el ojo y los oídos en Cepeda, la máxima autoridad judicial fue detrás de las huellas indelebles dejadas por Uribe. Los jueces acumularon miles de horas de grabaciones interceptadas que contienen, entre otras cosas, conversaciones entre el expresidente y su defensor, así como charlas entre ese abogado y exparamilitares que giran alrededor de suculentas ofertas económicas para retractarse de sus dichos.

DUQUE EN PROBLEMAS

En medio de la pandemia, el Supremo considera que Uribe es el "presunto autor de delitos de sobornos a testigos en actuación penal y fraude procesal". Como era de suponer, el presidente, Iván Duque, ha salido en defensa la "honorabilidad" de su mentor. Duque ganó las elecciones del 2018 con 10 millones de votos gracias al providencial respaldo de Uribe. Por lo tanto, el arresto de la figura tutelar de su Gobierno representa para el actual mandatario colombiano un enorme problema político en mitad de su gestión.

El presidente colombiano no ha hecho más que ir de sobresalto en sobresalto estos últimos meses. Duque tuvo que hacer frente a un estallido social a finales del 2019, a la llegada de 1,8 millones de migrantes venezolanos y a tensiones crecientes con el vecino país. Incluso sonaron tambores de guerra. A eso se sumó la crisis económica agudizada por los meses de confinamiento. Pero lo peor estaba por venir. Primero, el caso Uribe. Y luego, la decisión del Consejo Nacional Electoral (CNE) de dilucidar si la campaña proselitista que lo llevó a la presidencia está manchada por el dinero sucio.

"A Duque se le cae la estantería", dijo Gustavo Petro a la revista 'Semana'. Para el exguerrillero del M-19 y exalcalde de Bogotá, quien fue derrotado por el actual presidente en la segunda vuelta electoral, su rival de entones atraviesa una suerte de tormenta perfecta. Una encuesta de la firma Datexco da cuenta de que un 55% de los colombianos desaprueban al Gobierno. Apenas un 26% de esas personas estiman que el país va por buen camino. El crecimiento del paro, del 25%, y la pobreza, que golpea a 8,5 millones de personas, han sido uno de los factores de la erosión de la popularidad de Duque.

LA VIOLENCIA DE CADA DÍA

La primera mitad de su mandato tiene otro signo inocultable, el de la violencia. Mientras se consumaba el arresto de Uribe, cinco menores de entre 14 y 15 años fueron asesinados en la ciudad de Cali. A uno de ellos lo degollaron. "No solo sigue sin saberse quiénes fueron los autores del execrable hecho, sino que reina el silencio y los señalamientos que apuntan a todas partes", señaló el diario 'El Espectador'.

El Gobierno de derechas ha sido incapaz de contener a su vez la ola creciente de asesinatos de líderes sociales. Recientemente, un grupo paramilitar segó la vida a balazos de un representante de la comunidad afrocolombiana, Patrocinio Bonilla, a unos 500 kilómetros de Bogotá. De acuerdo con el Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz (INDEPAZ), desde comienzos del 2020 han muerto en similares condiciones 183 líderes sociales y defensores de los derechos humanos. La misma suerte corrieron 36 exintegrantes de las FARC que se acogieron a los acuerdos de paz del 2016. La muerte es el telón de fondo permanente del drama colombiano.