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Escándalo político en Latinoamérica

El indulto a Fujimori sume a Perú en una crisis política

Pedro Pablo Kuczynski pactó la medida a cambio de evitar su destitución. El exmandatario cumplía 25 años de cárcel por delitos de lesa humanidad

 

Fujimori, en un vídeo publicado ayer. - reuters / guadalupe pardo

La Policía se enfrenta a protestas contra el indulto a Fujimori frente al hospital en el que está ingresado. - reuters / guadalupe pardo

ABEL GILBERT
27/12/2017

El indulto al autócrata Alberto Fujimori se les atragantó a millones de peruanos en las fiestas navideñas y promete mayores amarguras de cara al 2018. El presidente Pedro Pablo Kuczynski (PPK) decidió hacer oídos sordos a los gritos de la calle y encomendarse al «tribunal de la historia». La condena de 25 años de prisión por delitos de lesa humanidad perpetrados en los años 90 quedó incumplida como moneda de cambio: un sector del fujimorismo salvó a PPK de que el Congreso lo destituyera por «incapacidad moral». Para la prensa y congresistas de su propio bloque, que decidieron darle la espalda, el presidente retribuyó con el indulto su absolución por parte de los legisladores que investigaban sus relaciones con la constructora brasileña Odebrecht.

El excandidato presidencial Alfredo Barnechea dijo que hubo «un canje». Otro exaspirante, Fernando Olivera, sostuvo que Kuczynski «negoció» un «falso indulto humanitario».

Fujimori, de 79 años recibió en una clínica limeña la noticia al lado de su hijo, el congresista Kenji, artífice además del pacto secreto. PPK intentó explicar su pirueta política ante los que estaban indignados: había ganado la segunda vuelta electoral de 2016 frente a Keiko Fujimori recordándole a muchos peruanos los peligros que encierra ese apellido. Llegó incluso a calificar de «delincuente» al encarcelado. La Navidad lo volvió súbitamente compasivo y condujo a adoptar «quizás la decisión más difícil» de su vida.

«Estoy convencido que quienes nos sentimos demócratas no debemos permitir que Alberto Fujimori muera en prisión, porque la justicia no es venganza», explicó PPK en la noche del 25.

Los argumentos humanitarios que esgrimió cayeron en saco roto. «Tienen razón todos los que piensan que Kuczynski miente tan libremente como cualquiera de nuestros principales políticos», señaló el diario El Comercio en su editorial, y recordó que el presidente «no ha perdonado a un hombre inocente».

Fujimori, añadió el rotativo, «no ha salido de prisión porque no haya delinquido. Delinquió continuamente. Y la verdad histórica no es lugar del que uno pueda salir por la puerta de un indulto». Alberto Borea, el abogado que defendió al presidente ante los congresistas durante la comparecencia en el congreso sobre el caso Odebrecht, también se sintió engañado: «Durante el poco tiempo que estuve preparando y ejerciendo esa defensa jamás se habló del indulto y menos como parte de una estrategia política».

Las protestas contra la decisión tomada por el presidente no se hicieron esperar en Lima. Hubo incluso enfrentamientos frente al Palacio de Justicia y la clínica donde Fujimori celebraba la buena nueva de su indulto junto con los suyos.

Los familiares de las víctimas de la represión contrainsurgente (las masacres de la Cantuta y Barrios Altos) expresaron de inmediato su desazón y furia por lo que había ocurrido. «La Navidad es de por sí una fiesta difícil para nosotros porque no la podemos pasar con los familiares que perdimos, y tener que escuchar este regalo que Kuczynski le da a Fujimori, nos duele», dijo Gisela Ortiz, cuyo hermano fue asesinado por uno de los escuadrones de la muerte.

Para Amnistía Internacional, PPK le dio un «duro golpe» a la lucha contra la impunidad en un escenario «sembrado de dudas sobre la transparencia, objetividad y el respeto a las reglas del debido proceso».

PPK no habló de crímenes de lesa humanidad sino de «excesos» y «errores graves» cometidos a principios de los 90. Consideró además que las heridas abiertas solo podrán cicatrizarse a partir de un esfuerzo reconciliador que involucra a toda la sociedad. Por eso convocó especialmente a las generaciones que no vivieron los años de el Chino –así se llamaba a Fujimori– a «pasar página» y dejar atrás las controversias del pasado. «Les pido que las emociones negativas heredadas no limiten los objetivos que tenemos que alcanzar para terminar de vencer la pobreza», afirmó.

Por su parte, Fuijmori no hizo más que cargar con sutileza todo el peso de la responsabilidad del indulto en PPK. La gracia presidencial «me sorprendió en esta unidad de cuidados intensivos». Pero todos sabían en Perú que el perdón había sido cualquier cosa menos sorprendente. La decisión adoptada por el presidente, el «gesto magnánimo», como lo llamó el indultado, le provocó «sentimientos de extrema alegría y de pesares».

Fujimori se ha jurado que «en esta nueva etapa» que se abre en su vida, lejos de los rigores penitenciarios, apoyará «decididamente» el «llamado a la reconciliación» de un presidente cuya palabra quedó devaluada por completo.

El expresidente Fujimori registró ayer una mejoría y dejó la sala de cuidados intensivos y pasó a la de cuidados intermedios de la clínica de Lima donde está ingresado desde el pasado viernes.

Según el doctor, Fujimori presentó ayer «una evaluación más favorable» y por eso fue trasladado de zona. «Se estaba descartando que pudiera tener alguna pequeña embolia cerebral, felizmente las tomografías lo han descartado», precisó el doctor Alejandro Aguinaga, quien también fue congresista fujimorista,