"A mediodía (del viernes) hora de Damasco, todas las partes implicadas en Siria tenían que confirmarnos, ya fuese a nosotros, ya fuese a nuestros socios norteamericanos, su acuerdo de adherirse al alto el fuego; esta información ya nos ha llegado". Revistiendo el momento de un cierto aire de solemnidad, el presidente ruso,Vladímir Putin, proclamaba en Moscú el inicio de un "cese de hostilidades" a partir de la medianoche de este viernes, pactado por el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, y su homólogo norteamericano, John Kerry, a mediados de febrero en Múnich. Tras cuatro años y 11 meses de una devastadora guerra civil a múltiples bandas, con más de 450.000 muertos y millones de personas vagando por el mundo en busca de hogar, una nueva oportunidad para la paz surge en el desgraciado país árabe, coyuntura no exenta, eso sí, de infinitud de riesgos que podrían acabar por hacerla descarrilar.

Como recordatorio de la profunda aversión que se profesan los contendientes del conflicto, y la desconfianza que preside las relaciones entre las potencias que han auspiciado el acuerdo, en las últimas horas antes, sobre el terreno, en las horas antes de la entrada en vigor del alto el fuego, nada parecía indicar que las armas fueran a silenciarse. La ciudad de Duma, en la región de Ghutta este, en las cercanías de Damasco, ha registrado intensos combates entre tropas gubernamentales y el grupo Jaish al Islam (el Ejército del islam), que en principio estará representado en la mesa de negociación de Ginebra.

EXCLUÍDOS LOS GRUPOS YIHADISTAS

El punto que puede dar al traste todo el proceso radica en que no se trata de una tregua propiamente dicha, sino de un cese de hostilidades del que han sido excluídos los yihadistas de Estado Islámico y Jabhat al Nusra. Es este último caso es el que puede provocar mayores fricciones, ya que los miembros de este grupo, cuyo liderazgo ha jurado lealtad a Al Qaeda, en muchas ocasiones combaten codo con codo con facciones más moderadas incluidas en el proceso de paz, sobre todo en las provincias de Alepo e Idleb.

El fracaso o el éxito de la iniciativa dependerá de la buena voluntad de los contendientes y de la interpretación que hagan de los términos del pacto las potencias que los protegen. El propio Putin se encargó de recordar este viernes a los "socios norteamericanos" que existen otras "organizaciones terroristas aparte de Estado Islámico" refiriéndose, sin mencionarlo, a Jabhat al Nusra, organización armada en la que -a diferencia del enloquecido califato autoproclamado por Omar al Baghdadi- todo apunta a que países del Golfo Pérsicoaliados de EEUU aún mantienen un cierto grado de influencia.

Existen, no obstante, algunos indicadores que permiten albergar un cierto optimismo, sobre todo en comparación con laanterior tentativa de un alto el fuego, en la primavera del 2012, fracasada a los pocos meses. Según ha constatado en Ginebra a la agencia Reuters una fuente próxima al proceso de paz, "la vasta mayoría de facciones armadas" que componen la nebulosa de grupos armados opositores "ha dado su aquiescencia" al alto el fuego.

En el bando gubernamental sirio y sus aliados (Rusia e Irán), el hecho de que el propio Putin anunciara el "cese de hostilidades" durante una intervención televisada para la que incluso se interrumpió la programación, confería a la tregua mayor credibilidad. El portavoz militar ruso, Igor Konashenkov, anunció hace días una disminución del número de salidas de la aviación rusa desde la base junto de Khmeimim.

En el caso de que fracase el alto el fuego, el propio secretario de Estado norteamericano Kerry ha evocado la posibilidad de aplicar un 'plan B', cuyos términos no han sido especificados, y que podrían incluir el reforzamiento de sanciones a Rusia, una mayor implicación militar de los aliados estadounidenses -Arabia Saudí y Turquía- o el envío de armas más sofisticadas a los rebeldes. En Moscú, Lavrov ha arremetido contra tal eventualidad. "No hay un plan B y nadie lo va a tener", ha prometido.