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CONVULSIÓN EN LA EXREPÚBLICA SOVIÉTICA

El primer ministro de Rusia viaja a Minsk para acelerar la integración de ambos países

Representantes de los dos gobiernos impulsan la Unión Rusia-Bielorrusia y la cooperación en el sector de la energía y la deuda. Lukashenko coloca en puestos clave del ámbito de la seguridad a figuras leales partidarias de la linea dura contra las protestas

 

El primer ministro ruso, Mijaíl Mishustin, conversa con el presidente bielorruso, Alexander Lukashenko, este jueves en Minsk. - ALEXANDER ASTAFYEV (AFP)

MARC MARGINEDAS
03/09/2020

Un salvavidas ruso para un presidente en apuros que, eso sí, Moscú lanza con un precio adherido: la progresiva integración de Bielorrusia en el poderoso vecino del este, algo a lo que se había resistido hasta ahora Aleksándr Lukashenko. Con esta frase se puede resumir la visita que ha realizado este miércoles el primer ministro ruso, Mijaíl Mishustin, a Minsk , y que precede a un próximo viaje del jefe del Estado bielorruso a la capital rusa.

Pese a los continuos altibajos que han experimentado las relaciones entre ambos países, Lukashenko se ha deshecho en parabienes y elogios en el momento de encontrarse cara a cara con su interlocutor: "Le estoy muy agradecido por las últimas semanas, tal vez el mes y medio o dos, por las negociaciones intensas entre nuestros gobiernos". Atrás, muy atrás, quedan ya las duras acusaciones proferidas por Lukashenko contra Moscú poco antes de las elecciones presidenciales de agosto, cuando decenas de mercenarios rusos pertenecientes a la compañía Wagner fueron arrestados en un supuesto complot organizado desde Moscú, según dijo él entonces, para derribarle.

Durante su visita, Mishustin ha constatado importantes progresos en ámbitos como la Unión Ruso-Bielorrusa -una entidad supranacional fundada a finales de los 90 pero que apenas ha sido desplegada-, el comercio o la cooperación cultural, ha informado la agencia Ria Nóvosti. "El Gobierno de la Unión se basará en las posiciones absolutamente independientes de nuestros países y con las medidas relevantes que hemos acordado", ha declarado el dirigente. El objetivo es "eliminar las barreras innecesarias, tanto en el comercio como en la interacción cultural", ha destacado.

IMPORTANTE DELEGACIÓN

Mishustin ha llegado a Bielorrusia junto a una importante delegación en la que destacaban dos nombres: el ministro de Energía, Aleksándr Nóvak, y el titular de Finanzas, Andréi Siluánov. Con el primero, los representantes bielorrusos llegaron a un "acuerdo" para el suministro de energía barata procedente de Rusia y con el segundo han abordado la reestructuración de la deuda bielorrusa con Moscú, que asciende a 1.000 millones de dólares. Todo ello, como bien se encargó de recordar el propio primer ministro, tiene contrapartidas: Bielorrusia "no puede permitir presiones externas" con el fin de "mantener su soberanía e integridad territorial", una nada velada advertencia a Lukashenko de que debe mantenerse firme en el caso de que arrecien sanciones dictadas por la UE o EEUU.

Coincidiendo con la visita del mandatario ruso, Lukashenko ha anunciado importantes relevos en las cúpulas las fuerzas de seguridad de su país, acusadas de maltratos y torturas en las protestas de los días inmediatamente posteriores a las controvertidas elecciones, y ha promocionado en el Gobierno a miembros leales partidarios de la línea dura. Al frente de la policía de seguridad, que incluso mantiene el nombre soviético de KGB, ha colocado a Iván Tertel, quien anteriormente se hallaba al frente del comité para los delitos económicos y un hombre que recientemente lanzó investigaciones contra Víktor Babariko, uno de los candidatos a presidente encarcelados por Lukashenko.

Dirigiendo el Consejo de Seguridad, que coordina los trabajos de los diferentes organismos estatales en este ámbito, ha sido nombrado el anterior jefe del KGB, Valery Vakulchik. Además, el alcalde de Minsk, Anatoli Sivak, ha sido elevado al puesto viceprimer ministro del Gobierno."Belorrusia se está enfrentando a un agresor exterior uno a uno.... (elpueblo) no me debe criticar por ser débil; aquí no puede haber debilidad, el país está trabajando, pero muchos, especialmente nuestros vecinos, querrían que nos derrumbáramos", ha instruido Lukashenko a los dirigentes y mandatarios recién nombrados.