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TRASLADO DE LAS CAPUCHINAS

Los restos de sor Isabel Calduch, en Huesca

La exhumación no se ha comunicado ni al Ayuntamiento ni al Patronato de la orden

 

Las capuchinas iniciaron el traslado en el mes de julio. -

14/10/2011

Las monjas Clarisas Capuchinas de Castellón han exhumado y trasladado ya a Barbastro (Huesca) los restos de la beata de Castellón Isabel Calduch Rovira, que hasta hace apenas unas semanas descansaban en un oratorio junto al altar de la iglesia de la congregación, en la calle Núñez de Arce. La beata, mártir capuchina, nació en Alcalà de Xivert en 1882 y, en tiempos de persecuciones contra la fe, entregó la vida por confesar a Cristo, fue arrestada el 13 de abril de 1937, vejada, maltratada y asesinada aquel mismo día junto al cementerio de les Coves de Vinromà. El cuerpo sin vida de sor Isabel descansaba en la capilla de la orden en Castellón, después de que profesara en el monasterio de las Capuchinas de Castellón desde 1901, un año después de entrar a formar parte de la comunidad clarisa y se convirtió en una figura importante en la historia del convento al ejercer de maestra de novicias de la orden.

Fuentes de la orden confirma-ron ayer el traslado. “La madre irá donde vayamos las hermanas y la comunidad. Nosotras estamos trasladándonos al convento de Barbastro, y la beata ya nos espera allí”, señalaron fuentes de la comunidad capuchina.

DESMANTELAMIENTO // El traslado de los restos óseos y la lápida de sor Isabel Calduch se enmarca en el desmantelamiento del convento de Castellón que las monjas capuchinas iniciaron el pasado mes de junio. Su tesoro máximo, los 10 zurbaranes que permanecen cedidos en el Museu de Belles Arts de Castelló, están también en peligro, ante la posible venta del convento, a la espera de la orden del Vaticano para su traslado definitivo a Barbastro, que todavía está en stand by, según el obispado.

Isabel Calduch fue beatificada en el año 2001 de manos del Papa Juan Pablo II, siendo su onomástica el 14 de abril. Es la primera beata de la ciudad de Castellón, pero sus restos ahora se han trasladado a un convento oscense, a más de 400 kilómetros de su lugar de descanso original.

Muchos son los fieles que veneran el pequeño altar de la monja en la iglesia de las Capuchinas, y las dádivas y peticiones son continuas, para la sanación de enfermos o ante los malos momentos actuales, señalan desde la diócesis de Castellón.

Desde el Ayuntamiento, el concejal de Cultura, Vicente Sales, dijo desconocer el traslado, al igual que el Patronato de la orden capuchina en Castellón.