+
Accede a tu cuenta

 

O accede con tus datos de Usuario El Periódico Mediterráneo:

Recordarme

Puedes recuperar tu contraseña o registrarte

 
 
 
   
 
 

Los de casa defienden su feudo por la puerta grande

Triunfan los representantes de la Escuela Taurina de Castellón, Marcos Andreu y Antoni Villalta, con una buena novillada de la divisa de Aida Jovaní

 

A MEDIA ALTURA. Julio Alguiar toreó sin obligar a su blando novillo. -

DE CAPOTE. Alcolado, en una chicuelina en su turno de quites. -

JORGE CASALS
27/03/2019

Buen ambiente registró la plaza de toros de Castelló en la primera de las dos novilladas en formato de clase práctica organizadas por la Diputación, entidad muy volcada en la promoción de estos festejos y en su Escuela Taurina. Se lidió una novillada de Aida Jovaní, divisa de la tierra que envió un buen encierro, con novillos bien presentados, bajos y de buenas hechuras, manejables, que dieron opciones en distintos grados.

Los triunfadores fueron precisamente los de casa, que defendieron con carácter y determinación su corral. Tanto Marcos Andreu como Antoni Villalta, los dos representantes de Castellón, abrieron la puerta grande tras desorejar a sus oponentes. Excelente fue el tercer novillo de la tarde, de edulcorada embestida, que tomó los engaños con mucha nobleza y humillación. Fue el mejor astado del conjunto enviado por el ganadero Pedro Jovani. Lo saludó a portagayola Marcos Andreu, que después se acopló muy bien por el pitón izquierdo, gustándose por momentos y buscando torear despacio. Lo mató de una buena estocada y paseó las dos orejas. También dos orejas cortó Antoni Villalta, el otro castellonense, que puso en escena un toreo de personalidad ante un novillo manejable, quizá por debajo del resto de hermanos en cuanto a su presentación.

Polope, toreo caro

El valenciano Miguel Polope cautivó con ese toreo de pellizco y de personalidad acusada. Se repuso con carácter de una fuerte voltereta en el recibo. En la muleta afloró el toreo de caro concepto y de majestuosa verticalidad. El descabello dejó el premio en una oreja. ¡Ojo a este torero!

Alejandro Peñaranda, en otro concepto más castellano, mostró oficio. Toreó con asiento y largura, bajando casi siempre la mano. Paseó una oreja. Kevin Alcolado, con menos oficio que el resto, tuvo el novillo más aquerenciado de todos y lo intentó en tablas. Mientras, el peruano Julio Alguiar, de la Escuela de Málaga, estuvo voluntarioso con un blando astado de buena condición pero que acusó una fea voltereta que le dejó mermado.