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Algunos hombres buenos

 

JESÚS Martínez
11/02/2019

Hace escasas fechas despedíamos en lo terrenal a José María Ariza, al bueno de Bigotes. Se hace evidente que el triste momento de la despedida de nuestros seres queridos se erige a la par en una ponderación del sentir que acaparaba el fallecido. Todos los que estuvimos presentes en el sepelio de José Maria fuimos testigos de la multitud congregada y del sentir que se vivió en la parroquia del grupo.

La verdad es que, como dijo en aquel día el señor párroco, a José María le quería todo aquel que le conocía. Y no es un pareado fácil, ni gratuito ni tan siquiera ramplona cortesía póstuma.

Bigotes era un buen hombre, fue una auténtica personalidad casi única de ese renqueante, por no decir escaso, género humano auténticamente sano. Ese género que se extingue, que desaparece de la sociedad, de esta sociedad a la que pertenecemos, de la que somos contemporáneos. Esa raza de gente que nació con la humilde sencillez que le otorgó la vida y que tras el alumbramiento continuó de inmediato cual imán bien dotado de naturalidad positiva, acumulando bondad, educación, humanidad y buen hacer por los demás.

Bigotes, amigo, compañero, entre otra mucha, muchísima gente, no te olvidaremos nunca unos cuantos cientos de jóvenes de los años 80 ya irremediablemente maduros, pero que ahora en la distancia son (somos) mucho más capaces de percibir, desde la nostalgia y el gracioso recuerdo, tu bondad, tu entrega y tu sanidad personal. Tu cuidado y atención permanente por la que fue nuestra segunda casa, nuestro centro educacional en lo deportivo y en lo humano, nuestro campo de fútbol del CD Sol y CD La Plana que finalmente fueron uno, y contigo como testigo de la importante y nupcial fusión deportiva en el fútbol base castellonense de la década de los años 80.

Te vas al cielo, Bigotes. Te vas y nos dejas. Dejas a los tuyos que te aman y dejas también a una multitud de jovencitos que aprendió una soberana y muy difícil lección que muchos maestros académicos no pueden enseñar por carecer del estigma de la bondad bigotudamente desbordada.

Bigotes, allá donde vas no dejes de marcar el campo como aquí lo hacías, aunque a buen seguro le recordarás con ello a Dios sus propios renglones torcidos. Y con el tiempo, los que hasta allí arribemos, estaremos deseosos de trasladarte que nuestros hijos y nietos se educan en lo deportivo en un complejo ubicado en San Agustín y San Marcos, y que tiene por nombre José María Ariza Santander, Bigotes.

Hasta siempre, amigo.

*Jugador del CD La Plana-Sol entre los años 1981-1988 y 1992-1995