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Opinión

 

Batalla vaticana por el celibato

 

15/02/2020

La negativa a asumir, por parte del Papa, la posibilidad de acabar con el celibato sacerdotal de forma limitada, aprobada por el Sínodo del Amazonas en octubre, es un capítulo más de las tensiones políticas que se viven en el Vaticano. La congregación de obispos latinoamericanos, que había recibido el respaldo del papa Francisco, en el afán de una Iglesia más pendiente de las necesidades indígenas decidió por amplia mayoría aprobar que «hombres idóneos» que hubieran llevado a cabo un «diaconado profundo» pudieran administrar los sacramentos, como presbíteros, aun estando casados y con hijos. Es decir, introducía en la Iglesia católica, restringiéndolo a un rito amazónico, la no obligación del celibato para ejercer como sacerdote.

El Papa, en una exhortación al Sínodo --Querida Amazonia-- se cargó de buenas palabras e intenciones y propósitos, pero en las 52 páginas del citado documento no ha aceptado esa conclusión, ni tampoco la otra polémica decisión del diaconado para mujeres.

El no del Santo Padre debe enmarcarse en una lucha abierta en el Vaticano entre las ideas renovadoras de Bergoglio y la presencia cada vez más evidente de sectores radicales ultraconservadores que se apoyan en la circunstancia inaudita de la presencia, de facto, de dos papas. Benedicto XVI prometió no inmiscuirse en los asuntos de la Iglesia, pero la reciente publicación de un texto suyo con tesis contrarias a Francisco, ha servido de catapulta para el sector derechista de la Curia, comandado por cardenales como Robert Sarah y apoyado por el auge de los movimientos populistas en todo el mundo.