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Opinión

 

Editoriales

El drama de la muerte de ciclistas

 

22/06/2017

Quinientos ciclistas muertos en algo más de una década. Es un dato que no necesita añadidos para adquirir conciencia de la enorme vulnerabilidad que tienen en las carreteras españolas quienes circulan a lomos de dos ruedas que mueven por su propia tracción. El goteo de muertos es incesante –el pasado fin de semana hubo tres más, y ya son 21 este año, solo en vías interurbanas–, y las medidas que ha implantado la Administración no han dado el resultado deseable. El propio director general de Tráfico considera «insoportable» que cada semana fallezca arrollado, de promedio, un ciclista, y ha anunciado que podría pasar, entre otras medidas, por un endurecimiento de las penas. Así consta en una proposición de ley de reforma del Código Penal que presentará hoy el grupo parlamentario popular en el Congreso de los Diputados. El aumento de víctimas tiene como explicación estadística el gran auge popular del ciclismo en las últimas décadas y el consiguiente incremento de aficionados en las carreteras, no solo los fines de semana sino a diario. La actividad deportiva es un buen indicador de la importancia que una sociedad da a la salud y el bienestar. Bienvenido, pues, el boom del ciclismo. El problema surge cuando sus cada vez más numerosos practicantes deben compartir con los automóviles un espacio –las carreteras– no pensado para ambos tipos de vehículos, sino fundamentalmente para los de motor. Tienen razón los ciclistas cuando recuerdan que, salvo las prohibiciones explícitas en autopistas y algunas autovías, nada les impide circular por cualquier calzada, pero no deberían rehuir el debate que asoma sobre si convendría una reglamentación específica de las vías de comunicación y transporte que pueden usarse con fines estrictamente recreativos.

 
 
1 Comentario
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Por Cruda Realidad 9:53 - 22.06.2017

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El drama no es sólo la muerte de ciclistas, el injustificable drama es el incesante goteo de muertos entre los usuarios de las vías públicas, ya sean peatones, ciclistas, ciclomotoristas, motoristas, automovilistas, etc . En España no hacen falta más normas que faciliten la circulación de los ciclistas, en normativa vamos a la cabeza de Europa, pero en su conocimiento y cumplimiento somos el farolillo rojo. Muy pocos ciclistas son conscientes del enorme y, sobre todo, incontrolable peligro que supone atravesar la calzada por un paso de cebra montado en la bicicleta o circular zigzagueando alrededor de la linea que separa un arcén perfectamente practicable y suficiente de la calzada, mientras se mantiene una animada conversación con el compañero. Muy pocos conductores saben que está prohibido adelantar a un ciclista utilizando sólo el mismo carril por el que éste circula, que está permitido adelantar a un ciclista aunque lo prohíba la señalización, que un grupo de ciclistas se considera un sólo vehículo a efectos de prioridad de paso, etc . Ni a los motoristas, ni a los ciclomotoristas se les permite circular en paralelo por la calzada, se supone que al circular con el alumbrado encendido ya son suficientemente visibles. A los ciclistas se les permite circular en paralelo por la calzada para que se les pueda ver “de lejos” y con suficiente antelación, asumiendo que la mejora de su visibilidad compensa el incremento del riesgo de alcances y colisiones frontales. Pero esta mejora desaparece cuando la visibilidad es insuficiente y no permite verlos “de lejos”, ya se por falta de luz, niebla, humo, lluvia intensa o trazado de la carretera, sobre todo en los tramos en los que está prohibido el adelantamiento por falta de visibilidad. Razón por la cual, la normativa española obliga a los ciclistas que circulan en paralelo a “colocarse en hilera en tramos sin visibilidad, y cuando formen aglomeraciones de tráfico”.