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Opinión

 

Tribuna vecinal

Eficaz gracias a sus ojos

 

Carlos Mañas
18/11/2019

Mi psiquiatra de la Seguridad Social se acaba de jubilar hace unos meses y, desde entonces, su consulta se ha convertido en un desfile de caras. Nunca me ha vuelto a atender el mismo médico especialista.

Lo que más me preocupa de mi patología es la fase depresiva, así que cuando noto que se acerca no dudo en desnudar mis sensaciones, tentativas suicidas, irascibilidad, ante algún profesional competente capaz de ayudarme a hacer las paces con la enfermedad.

Ahora, se ha puesto de moda en el sector sanitario la estrategia de márketing que reza: ¡Primera consulta gratuita!

Aprovechándome de la citada técnica de venta que la psiquiatría contemporánea también ha puesto en marcha imitando las fórmulas de fidelización (antes propias únicamente para los productos de consumo de primera necesidad) selecciono, como quien escoge entre los ingredientes de una pizza familiar, los psiquiatras que se prestan a atender gratis la primera vez que se solicitan sus servicios.

El primer número que marco para reservar una cita es el de un psiquiatra que dice ser Máster en Conductas Disociativas y Patología Afectivo Bipolar por la Universidad de Kentucky y Mental Coaching por Baltimore Academy.

La verdad es que eso me impactó, más aún cuando me indicaron que dentro de la promoción de bienvenida podía contar con un servicio de cromoterapia. Me explicaron, para despertar todavía más mi interés, que la cromoterapia es conocida también como la terapia del color. El recepcionista que me alentaba a conocer la consulta sostenía persuasivo que la luz o los entornos con un determinado color son útiles para minimizar los delirios si se aplica un tipo de luz sobre una zona precisa de la cabeza.

Atendía ojiplático a sus argumentos y solo le hice dos preguntas.

La primera, si me podía asegurar que la consulta y la terapia eran totalmente gratuitas, y la segunda, si tenía que ir a la consulta con un color de ropa determinado para que no interfiriera con los haces cromáticos.

A la primera cuestión me certificó que todo era totalmente gratis, de la segunda no obtuve respuesta.

Preferí no asistir a la cita, llamé para anularla. La forma con la que pretendían seducirme simulaba la negociación que se establece con un comercial cuando quieres cambiar de operadora. Y porque, además, el recepcionista que me atendió no entendió la guasa de mis preguntas.

Opté por llamar a otro psiquiatra de oferta. Sujetando con una mano el folleto publicitario que había encontrado en la farmacia y tecleando el número de teléfono con la otra, escucho el primer tono de llamada que se interrumpe por unas notas musicales de jazz.

Pasados unos segundos percibo una voz femenina: «Buenos días, gabinete del doctor Juan Francisco Miramontes, le atiende Beatriz ¿En qué puedo ayudarle?» Después de explicarme varias cosas, concerté una cita para las 17.00 horas del jueves de la semana siguiente.

La atención recibida me dio confianza y tenía pensado acudir a la cita.

YA EN EL GABINETE y acomodado en la sala de espera noté que olía fuertemente a incienso y se escuchaba un hilo musical parecido al que suena habitualmente en los supermercados Mercadona.

Una enfermera dice mi nombre en voz alta, levanto mi mano para advertirle mi presencia a lo que me indica que el doctor está listo para recibirme, que tenga la bondad de seguir sus pasos.

Cuando llego a la consulta, el médico aún está de espaldas y al girarse ante mí se presenta apretándome la mano flácidamente. Mientras me miraba a los ojos descubrí que padecía un estrabismo muy acentuado. Uno de sus ojos mantenía una línea visual perfecta con mi ojo izquierdo, al tiempo que el otro se escapaba detrás de mi hombro como buscando algo que estuviera escondido a mis espaldas.

He de confesar que me sentía muy a gusto. Francamente bien. Al fin y al cabo él también era diferente. Nadie lo podía dudar. Eso saltaba a la vista.

* Asociación de Familiares para los Derechos del Enfermo Mental (AFDEM)

   
1 Comentario
01

Por el disidente 12:50 - 18.11.2019

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Hola Carlos, yo también voy al psiquiatra desde hace mas de 20 años, y recuerdo que al principio también pensaba que el doctor era estrábico, pero no, lo que pasaba era que yo tenia doble personalidad… y con un ojo me miraba a mi y con el otro a mi Otro yo,, pero ahora ya no, ahora como solo me queda lo del TOC, el buen doctor ya me mira fijo a los ojos con ambos dos, ¡y de que manera! ¿a ti no te pasa que cuando se te queda mirando sin decir nada te sientes como un “paramecio” observado al microscopio?, un saludo Carlos, espero que mejores y perdona por la broma ¡animo!