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Opinión

 

Ocho años de juego de pantallas

 

Los seguidores más fieles, o simplemente impacientes, de Juego de tronos han tenido esta madrugada una cita ineludible ante las pantallas. Otros se esperarán unas horas, y quienes acaben el día de hoy sin conocer el desenlace de la trama pergeñada por George R. R. Martin deberán reducir al máximo su vida social y en las redes si no quieren quedarse descolocados por el más temido de los spoliers hasta la fecha en la historia de la televisión. Esta contradicción, que las intrigas fantásticas de la serie de HBO hayan sido al mismo tiempo el culmen de un fenómeno de coloquio social, cara a cara y en las redes, y el terreno de batalla de quienes exigen que su entorno, físico o virtual, mantenga el silencio y no les prive de la sorpresa ante un giro de la trama o una muerte inesperada, es solo una de las pruebas del alcance que ha tenido la producción basada en los libros de George R. R. Martin y desarrollada por David Benioff y D. B. Weiss. La reclamación de cientos de miles de espectadores de que el remate de la intriga se ajustase a las expectativas que habían proyectado sobre sus personajes preferidos basta también para demostrar el grado de implicación de la audiencia conseguido.

Hace años que se habla de la edad de oro de las series: en términos de calidad y ambición el podio se lo disputan muchos otros títulos, pero probablemente ha sido Juego de tronos la que ha marcado una era, en cuanto a impacto en el público general, de la ficción serial distribuida a través de las plataformas de streaming. Una nueva forma de consumo de ocio que ha devorado tiempo dedicado al consumo de televisión a través de sus canales convencionales hasta el punto de obligarse a reformular tiempos y formatos.

Ahora la pregunta no es solo qué creación de la industria llenará el hueco dejado por la serie que acaba de rematar de forma un tanto precipitada su octava temporada. Quizá en un panorama de oferta desbordante, nadie se pueda sentar en solitario el trono vacante. Es muy probable que la imposición del modelo de emisión planteado por Netflix (que aguarda al 4 de julio con la nueva temporada de Stranger Things), con el lanzamiento de todos los episodios de una serie simultáneamente para favorecer el consumo compulsivo, haya hecho de esta serie la última capaz, como en los viejos tiempos de la TV, de tener a millones de personas esperando cada semana a su nueva dosis de ficción.