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Opinión

 

A fondo

Rawls en nuestras mesas de diálogo

Tenemos hoy una sociedad mejor ordenada de lo que a primera vista pudiera parecer

 

José Martí José Martí
13/05/2020

John Rawls y Jürgen Habermas son los dos grandes colosos de la filosofía moral y política del siglo XX. Uno, Rawls, desde el ámbito del liberalismo político, otro, Habermas, desde el socialismo democrático; los dos, en fructífero diálogo, buscan fundamento teórico a una concepción de la justicia distributiva que esté en la base del estado social y democrático de derecho, del conocido como welfare state o estado del bienestar.

En varias ocasiones les he hablado en estos artículos de J. Habermas. Hoy voy a hacerlo de Rawls con motivo de las reuniones de la mesa de diálogo que la semana pasada celebramos los grupos políticos de la Diputación Provincial de Castellón con diversos agentes sociales. El estadounidense, autor de un libro imprescindible, Teoría de la Justicia, acuñó el concepto de ‘sociedad bien ordenada’ que ha revoloteado en mi mente a lo largo de estas sesiones.

En efecto, como ustedes sabrán, los pasados miércoles, jueves y viernes, en el marco de la mesa de diálogo constituida en la Diputación de la que les vengo hablando, los cuatro grupos políticos con representación en la institución (PSPV-PSOE, Partido Popular, Compromís y Ciudadanos) nos reunimos con diversos sectores de la sociedad castellonense. Fueron nueve reu-niones, y en ellas estuvieron empresarios, pymes, autónomos y comerciantes, sindicatos, sector primario (agricultura, ganadería y pesca), asociaciones ligadas al bienestar y servicios sociales, cultura y deporte, pequeños y grandes municipios, y sector de la ciencia, innovación y nuevas tecnologías. Además de la nutrida representación municipal, más de 80 asociaciones de diversos ámbitos sociales nos transmitieron una amplia radiografía del estado de la provincia y de los nefastos efectos que la pandemia tendrá entre nosotros. A la vez, nos hicieron llegar sus propuestas, sugerencias e iniciativas para salir de la ineludible crisis social y económica que ya está siguiendo a la crisis sanitaria que nos envuelve.

MI IMPRESIÓN, después de escuchar tantas voces, prestar atención a tantos planteamientos y aprender de tantas opiniones, no es solo muy positiva, sino que en términos de Rawls, aunque no tenemos una ‘sociedad bien ordenada’, sí que tenemos una ‘sociedad mejor ordenada de lo que a primera vista pudiera parecer’ y, por supuesto, mucho mejor ordenada de lo que agoreros, apocalíticos y pesimistas de toda laya piensan. Me explico.

Para Rawls, una sociedad bien ordenada supone una sociedad regulada por una concepción política de la justicia y eso comporta, dice, «tres cosas: primero, se trata de una sociedad en la que cada uno acepta, y sabe que todo el mundo acepta, los mismos principios de justicia; segundo, su estructura básica satisface esos principios de un modo público y notorio, o al menos, hay buenas razones para creerlo; y tercero, sus ciudadanos tienen un sentido de la justicia normalmente efectivo, de modo que cumplen con las instituciones básicas de la sociedad a las que consideran justas».

A buen seguro, seré un optimista incorregible pero he visto unos actores sociales en primer lugar, muy agradecidos por la iniciativa y muy dispuestos a que ésta tenga continuidad y, sobre todo, muy cohesionados en un consenso básico, entrecruzado sobre una concepción de la justicia como equidad que viniendo de la parte más abierta del liberalismo político bebe de los postulados de la socialdemocracia. La justicia como equidad tiene dos principios: el de la libertad, por supuesto, y el de la superación de las desigualdades sociales que deben resolverse de tal modo que exista una justa igualdad de oportunidades y un principio de la diferencia que establece un mayor beneficio para los miembros menos aventajados de la sociedad (maximin).

No son condiciones fáciles de cumplir, pero Rawls acerca posturas no sólo políticas, sino sociales, vitales de los propios actores sociales, de la misma ciudadanía. Aunque no siempre se reconozca, se tiende cada vez más a atribuir al Estado, léase administraciones públicas, funciones de intervención, de regulación de la diferencia, de hacer real la justicia distributiva.

*Presidente de la Diputación de Castellón