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Opinión

 

Ser gitano

 

MANUEL GUILLERMO Altava LavallMANUEL GUILLERMO Altava Lavall 07/05/2009

Se denomina pueblo gitano, pueblo rom o romaníes, a una comunidad o etnia con un origen y características similares pero heterogéneas, presente en casi todos los estados europeos, en numerosos países americanos y en algunos africanos y asiáticos. En el caso de España, se utiliza también el término calé para referirse a la persona, o caló para referirse a la variante lingüística propia. Es la mayor minoría étnica de la actual Unión Europea.

El término "gitano" es mayoritario en España y se recogen significados positivos, aunque también connotaciones peyorativas. La palabra "gitano" procede de "egiptano", porque en el siglo XV se pensaba que los gitanos procedían de Egipto. Cuando penetraron en Europa, muchos grupos de gitanos se presentaban a sí mismos como "nobles egipcianos"; así, en 1425, dos rom pidieron un salvoconducto al rey Juan II de Aragón, en el cual se hacían llamar "condes del Egipto Menor". La palabra "calé" parece proceder del indostaní "k¢l¢", que significa "negro".

El pueblo gitano se ha dotado de una serie de normas propias que regulan su convivencia y que son la base de su identidad colectiva y la garantía de permanencia como pueblo. Esas normas constituyen un verdadero "cuerpo legislativo" no escrito jamás, pero no por ello menos completo y útil. Son un conjunto de normas que gozan del respaldo y la aceptación absoluta del conjunto de la población gitana cuyo espíritu ha sido y es hacer posible la convivencia pacífica entre los miembros de la comunidad, regulando los aspectos fundamentales de la vida social y económica de sus miembros, siempre que esas relaciones sociales o económicas afecten a otros gitanos. Y, como no podía ser de otra manera, esas normas se encuadran perfectamente en el marco de la Constitución de 1978, que abrió unas posibilidades reales de solventar la normalización de la presencia de la minoría gitana en el seno de la sociedad española haciendo compatible el mantenimiento de su identidad diferenciada con el reconocimiento de hecho y en la práctica de su condición como ciudadanos españoles.

He tenido la oportunidad de conocer a la comunidad gitana de Castellón. El Tío Enrique es el presidente de la Fundación Punjab que lidera y aúna esta comunidad en Castellón de manera brillante, siempre preocupado por su integración, su educación y, en fin, por el reconocimiento de sus derechos y deberes como ciudadanos y como pueblo. Hace muy pocos días ha sido elegido Ramón Escudero como presidente de la Asociación Gitana de Castellón. Desde aquí mi reconocimiento y felicitación a ambos por la tarea realizada y les sigo deseando todo tipo de aciertos tal y como se merecen.

Y, en este artículo, solo quiero destacar una característica muy especial que conservan: el respeto y obediencia a sus mayores. He acudido a varias reuniones y a alguna fiesta y me ha llamado la atención que los jóvenes que allí se encontraban obedecían a pies juntillas lo que decía el Tío Enrique o sus mayores. Era un respeto que, ¿qué quieren que les diga?, no he visto en mis hijos ni en los hijos de mis amigos que, con todo, son muy buenos y sanos chavales. Sin campo para el rechiste, obedecían sin objeción alguna lo que les era mandado aunque supusiera estar sentados sin levantarse hasta que lo hicieran sus mayores. Mucho tenemos que aprender. Vaya mi reconocimiento a esta comunidad en Castellón y que esas pautas de conducta se puedan extrapolar de una manera generalizada a toda la sociedad.

Viceportavoz de justicia del PP en el Senado