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Opinión

 

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La tisana medicinal del Papa Luna

 

La tisana medicinal del Papa Luna -

Salvador Bellés Salvador Bellés
30/07/2017

En toda la cornisa marítima de la provincia, hay gentes que nos leen y otros, además, nos sugieren temas de diversa índole. Y todos saben que una tisana es una infusión de alguna hierba medicinal, que se toma como bebida.

En cuanto a la figura del Papa Luna, casi todo el mundo sabe que se trata del aragonés llamado Pedro Martínez de Luna, que ocupó en Roma el solio pontificio con el nombre de Benedicto XIII. Retirado en Peñíscola, donde estuvo durante ocho años, falleció el 23 de mayo de 1423. Nacido en la población aragonesa de Illueca, en 1342, siempre mostró un afecto especial a las gentes de Aragón, pero también mostró su complacencia por el cariño que recibió de todos los vecinos de la provincia de Castellón.

El Papa Luna constituye una página brillante de la historia. Cualquier cosa que a él le afectaba también formaba parte de nuestros sentimientos. Su conflicto al ser destituido como pontífice fue siempre muy bien acogido por las gentes de toda la provincia. Y como todo lo suyo nos afectaba, estamos hoy hablando aquí de ese preparado medieval que es la tisana que lleva su nombre.

Personaje excepcionalmente culto y de carácter polifacético, se recluyó en Peñíscola y el fastuoso castillo no tardó en convertirse en palacio y biblioteca, donde creó el Libro de las Consolaciones de la vida humana, considerado como uno de los más antiguos ensayos filosófico-religiosos de la lengua castellana en toda su historia.

En la descripción de la tisana se dijo que «fue magistralmente preparada a favor del Papa Luna», según consta documentalmente, por lo que la tisana papal figura como Pulveris Papae Benedicti de Luna, al ser un fármaco natural tomado por el pontífice. Este preparado medicinal repuso al Papa de las secuelas producidas por un frustrado envenenamiento que sufrió en 1418. Sin embargo, existen dos posibles versiones por las que el Papa de Peñíscola escogió este brebaje para reponerse: la primera versión mantiene que la tisana fue prescrita al viejo pontífice por su médico, Jerónimo de Santa Fe. La segunda opción apunta que fue él mismo por sus conocimientos en medicina, y solicitó al prestigioso gremio de boticarios valencianos que acreditaran la fórmula como magistral.

En cualquier caso, se trata de un medicamento de hierbas medicinales tomado por el Papa Luna y administrado principalmente en polvo triturado, preparación equivalente al uso actual del medicamento en cápsulas y como bebida de hierbas obtenida por infusión.

La fórmula medieval documentada en el año 1601 ha permitido conocer la composición y las aplicaciones para la recuperación de la infusión medicinal. La receta del preparado deja, además, constancia de la impronta que la obra Antidotarius, del célebre y reputado médico Arnau de Vilanova, uno de los volúmenes de medicina de la biblioteca pontificia de Peñíscola, ha ejercido sobre la composición del brebaje medicinal.

Las indicaciones de la tisana del Papa está oficialmente aceptadas y recomendadas. Así está escrito: «fue un remedio aplicado en medicina durante los siglos XV, XVI y XVII».

El brebaje está compuesto por semillas de coriandro, de anís, de hinojo, de alcaravea y de comino, raíces de regaliz y de dictamo y canela, y se trata, en concreto, de un remedio de probada eficacia en problemas digestivos, para evitar flatos, dolores de cabeza, tensiones estresantes y dolencias de riñón.

La mayoría de los ingredientes que componen la tisana se encuentran en su mayoría en el espacio natural de la Serra d’Irta, de Peñíscola.

La tisana del Papa Luna es, asimismo, un producto original, incluido en el registro de la Oficina Española de Patentes a nombre de Juan Bautistas Simó Castillo, investigador y descubridor del brebaje, que ha cedido el producto al Patronato de Turismo de Peñíscola para su promoción y difusión como recurso cultural y patrimonio identificativo de la cultura peñiscolana.

El erudito Simó nos dio una gran alegría cuando colaboró en los años 1985 y 1986 en nuestra publicación magdalenera Castelló, Festa Plena. Naturalmente, hablando de Peñíscola.