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Opinión

 

Un videoarbitraje infectado: regresa la polémica

 

Dicen que un sistema acaba siendo bueno o malo en función de las personas que deben ejecutarlo. Toda planificación, por perfecta y previsora que haya sido, acaba dependiendo de que cualquier zote no se la lleve por delante. Es tan importante qué se hace como quién se encarga de hacerlo.

Muchos aplaudieron la llegada del arbitraje con videoasistencia (VAR) por lo que significaba de modernización de la justicia en el deporte. Al fin no dependeríamos de las dioptrías (o de la mala fe) del colegiado de turno para decidir aspectos del juego tan poco opinables como un gol o un fuera de juego.

Pero la experiencia, una vez más, se ha encargado de frustrar las esperanzas que un día se despositaron en el avance tecnológico. El VAR está zozobrando (por no decir fracasando) porque depende de un gremio que necesita un plan Renove como el del sector del automóvil: los árbitros. Y, además, es una rueda más de un engranaje oxidado que ya chirría por los cuatro costados, como ha demostrado la pandemia del coronavirus: el fútbol hiperprofesionalizado.

Ya desde el principio, el videoarbitraje planteaba numerosos interrogantes: ¿quién y cuándo decide que se recurre al VAR para dilucidar una jugada dudosa? ¿Se ha de revisar un lance desde el inicio de la jugada? ¿Cuándo, cómo y por qué debe revisar el árbitro en persona la grabación para dictar sentencia?

Todas estas lagunas no hacen más que alimentar las sospechas de que la justicia (tampoco en el deporte) no es ciega. Quizás por eso habría que plantear si es necesario revisar el protocolo fijado por la IFAB (International Board) y vigente en todas las ligas, incluida la española.

Lo que está claro es que las polémicas se suceden y que la implantación del videoarbitraje en el fútbol español sigue generando dudas y muchas críticas. El criterio de intervención de los jueces que siguen los partidos desde la televisión y su protocolo de actuación ante errores «claros y manifiestos» de sus colegas sobre el césped no acaban de convencer y cada vez son más las voces que claman por una renovación del sistema.