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ALEGATOS FINALES

Ana Julia Quezada alega un «arrebato» para reducir su pena

La asesina confesa de Gabriel Cruz pide perdón a Dios y a toda España por el crimen

 

La acusada, Ana Julia Quezada, durante una nueva sesión del juicio, ayer. - EUROPA PRESS

JULIA CAMACHO
18/09/2019

De la muerte accidental a un arrebato pasional que, «presa de la ira», llevó a Ana Julia Quezada a acabar con la vida de Gabriel Cruz en febrero del 2018. Este fue el cambio que introdujo ayer la defensa de la acusada para tratar de eludir en el último momento la pena de prisión permanente revisable que mantienen las acusaciones por un delito de asesinato con premeditación. La defensa insiste en un homicidio imprudente o, si acaso, con una intencionalidad eventual y la atenuante de confesión, lo que no supondría más de 15 años de prisión.

Consciente de que es la mujer más odiada, Quezada trató de apuntalar esa versión: «Pido perdón a toda España por todo lo que he hecho, solo espero que Dios me perdone». Su defensa tiene la papeleta de evitar la mayor condena por unos hechos que ya ha confesado, y a ello se aferró aprovechando la discrepancia entre las acusaciones para introducir al jurado dudas razonables sobre ese ensañamiento y la premeditación. O se cree la autopsia de los forenses o se cree el informe de la familia hecho por internistas sin ver el cuerpo.

DOS VERSIONES // La primera habla de una asfixia mecánica al emplear la acusada una fuerza desproporcionada tapando la boca del menor con ambas manos durante no menos de 10 minutos, La segunda prueba mantiene que hubo golpes previos, un impás en el que la acusada se puso a fumar y a pintar la finca de Rodalquilar, y por último la asfixia al ver que el niño seguía consciente.