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OPERACIÓN PREVENTIVA

Francia blinda los colegios frente a la amenaza terrorista

Los centros educativos están obligados a realizar un simulacro de atentado durante el cur

 

Un grupo de estudiantes se dirigen a una escuela de París. - PATRICK KOVARIK / AFP

EVA CANTÓN
03/09/2017

Los atentados del 2015 marcaron un antes y un después en la seguridad de los establecimientos escolares franceses. Desde entonces existe un detallado protocolo del Ministerio de Educación -elaborado en coordinación con el departamento de Interior- para reforzar la vigilancia y dar a padres, profesores y alumnos pautas sobre cómo actuar frente a la amenaza terrorista. Las instrucciones básicas giran en torno a tres ideas: anticipar, garantizar la seguridad y saber reaccionar.

En la entrada de los colegios hay siempre un adulto para recibir a los alumnos, se hace un control visual de las mochilas y se verifica sistemáticamente la identidad de las personas ajenas al centro. A las puertas del mismo no se puede aparcar ni formar aglomeraciones. Estas consignas están reflejadas en un cartel bien visible en la fachada de colegios e institutos en el que figura también el nivel de alerta terrorista del país.

Escenario de atentado-intrusión

Los centros pueden, además, modificar los horarios de entrada y salida para controlar el flujo y evitar que los alumnos esperen en la vía pública. A partir de este curso académico, a los dos simulacros de evacuación en caso de incendio se añade un tercero que reproduce un escenario de atentado-intrusión. El ejercicio contempla un plan de evacuación y, si no fuera viable, el agrupamiento de los alumnos en un lugar seguro mientras llegan los primeros servicios de socorro.

El objetivo es que profesores y alumnos identifiquen el inicio y fin de la alerta terrorista, conozcan el itinerario a seguir, los lugares donde pueden esconderse y los objetos que pueden usar para protegerse. El protocolo se adapta a la edad de los alumnos y en el caso de los más pequeños hay una guía pedagógica para evitar que se sientan angustiados.

Guías para colegios e institutos

Los establecimientos educativos tienen que verificar la eficacia de las medidas de seguridad, cerciorarse de que el personal docente y no docente las conoce e informar del dispositivo a las familias. El ministerio pone a su disposición dos guías, una para colegios y otra para centros de secundaria y bachillerato.

En los institutos aún no se ha zanjado el debate sobre los fumadores. La ley prohíbe a los alumnos fumar en el recinto del centro pero, para evitar que los adolescentes se reúnan en las aceras, convirtiéndose en objetivo potencial de los terroristas, muchos directores han habilitado zonas de fumadores en el interior.

Control de los viajes de estudios
Por otro lado, se debe de informar a las Academias (delegaciones de Educación)  de los viajes de estudios programados, que podrán anularse si la prefectura entiende que no se dan las condiciones de seguridad adecuadas. Fue lo que ocurrió el pasado 22 de marzo cuando Francia suspendió los desplazamientos escolares al Reino Unido tras el atentado en el puente de Westminster de Londres.

Educación ha reforzado, asimismo, la formación de los profesores en primeros auxilios. Este año la recibirán 1.500 docentes. Si lo consideran necesario, los directores pueden solicitar igualmente la presencia de una célula de atención psicológica. Francia tiene 250 desplegadas en todo el territorio.

Prevenir la radicalización

Los especialistas de la lucha antiterrorista llevan tiempo alertando de la complejidad del fenómeno de los menores radicalizados. Francia tenía el pasado mes de junio unos 2.200 menores en el fichero de prevención del radicalismo, que se nutre de informaciones de la Prefectura (delegación del Gobierno) a partir de advertencias de funcionarios del Ministerio de Educación, a quien el Gobierno otorga un rol esencial en la detección de comportamientos de riesgo. 

Desde febrero del 2015, los docentes tienen a su disposición un Libro Verde con un listado de indicios que, acumulados y cruzados con otros datos, pueden ser síntoma de radicalización, como romper la relación con los amigos, abandonar determinadas actividades extraescolares o faltar a clase con frecuencia, así como adoptar nuevos hábitos alimentarios o cambiar la manera de vestir. 

Son las prefecturas quienes determinan si el joven se ha radicalizado o no. En el primer caso se pone en marcha una célula de seguimiento socio-educativo, voluntario y en cooperación con la familia y asociaciones especializadas, para ayudar al alumno a salir de la espiral en la que se ha metido. Este dispositivo, formado por la dirección del centro, personal médico y de los servicios sociales, analiza el problema individual y colectivo de los chavales y propone un proyecto escolar adaptado a esos alumnos.