La Gran Vía madrileña volverá a cerrarse al tráfico las Navidades próximas como el año pasado, pero esta vez será diferente. Ya no se reabrirá. Las restricciones a la circulación se mantendrán de forma definitiva, avanzando seis meses el calendario de implantación previsto en el plan de calidad del aire, según anunció ayer el delegado de Desarrollo Urbano Sostenible, José Manuel Calvo.

«No tendría mucho sentido abrir la Gran Vía al tráfico después de Navidad para empezar las obras de ampliación de las aceras un mes después», justificó el concejal de Manuela Carmena en la emisora Onda Madrid.

Tras la reforma, en el tramo entre la plaza de Cibeles y la de Callao, la calzada pasará de seis a cuatro carriles, dos para cada sentido de la circulación. Los laterales estarán reservados para los autobuses y los taxis, mientras que en los dos centrales, las bicicletas convivirán con el resto de vehículos autorizados y la limitación de velocidad para todos ellos será de 30 kilómetros por hora. Entre la plaza de España y Callao, en sentido subida, los ciclistas tendrán un espacio sobre el asfalto para ellos independiente del de los automóviles.

El delegado expresó su convencimiento de que los ciudadanos reaccionarán «positivamente». Hay que tener en cuenta que la Gran Vía pasará a formar parte, a partir de junio del 2018, de la gran área de prioridad residencial que englobará todo el distrito Centro y donde los únicos vehículos privados que podrán circular son los de los residentes.