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violencia sexual

El porno da alas a ‘las manadas’ ya que potencia las agresiones

Más que censurar el negocio, proponen cambiar las actitudes hacia las mujeres. Los expertos revelan que incide en los abusos si hay factor de riesgo previo

 

IMMA FERNÁNDEZ
31/01/2018

Juicio al porno de la Manada», titulaba un artículo la psiquiatra Ibone Olza, alegando que debería juzgarse «la escuela» de la Manada, «ese porno sexista y violento que han consumido esos y otros muchos hombres, también algunas mujeres». Un material en el que se muestran «violaciones o relaciones de brutal sometimiento», donde casi siempre el argumento de fondo es que «ella es una puta» o «disfruta siendo maltratada».

En esas escenas, agrega la doctora, las mujeres «no tienen deseo ni iniciativa pero siempre están dispuestas a ser sometidas por varios hombres que se jalean mutuamente». Así se construyen las expectativas de miles de varones, remacha. La cuestión aquí a dictamen es si se pueden establecer correlaciones entre el consumo de pornografía y presuntas agresiones como las de Pamplona, pendiente de sentencia, tal y como afirma Olza. El debate entre los expertos sigue abierto.

«Las investigaciones no han aclarado si simplemente el hecho de mirar porno estimula o causa violencia sexual», explica el doctor N. G. Berrill, director del The New York Center for Neuropsychology & Forensic Behavioral Science, que ha estudiado a fondo la temática. «Si alguien tiene inclinaciones hacia la conducta sádica o violenta el material pornográfico puede ser gratificante y de reforzamiento», concluye el experto, que enfatiza el factor grupal: «Cuando los adolescentes y jóvenes están juntos en un grupo, especialmente hombres, se envalentonan entre ellos. Un agresivo macho alfa puede alentar al grupo a actuar de formas que ellos no harían si estuvieran solos. Cuando añades drogas o alcohol hay un potencial para la violencia, particularmente si hay una mujer sola en el parque, en la calle...».

RASGOS PSICOPÁTICOS // Manuel Gámez Guadix, doctor en psicología y profesor en la Universidad Autónoma de Madrid, recuerda que la pornografía es «una manifestación más del sistema de roles de género tradicionales y machistas, que dicta un papel sumiso de la mujer e incluye la idea de que es aceptable forzarlas para que se impliquen en relaciones sexuales». Grabar esos delitos, como en el caso de la Manada, puede estar vinculado al narcisismo presente en los perfiles psicopáticos. «Hacen vídeos de algo de lo que se sienten orgullosos».

Las investigaciones del psicólogo Neil M. Malamuth, reputado analista de la influencia de la pornografía en la conducta humana, resaltan la importancia de las diferencias individuales. Sus resultados confirman que en los hombres con alto riesgo de cometer violaciones existe una gran correlación entre la exposición frecuente a ese material sexual y las agresiones; que el porno favorece la reincidencia en algunos violadores y que rasgos como la dominación y la agresividad predicen la preferencia por contenidos de sexo violento e insaciable.

La solución, coinciden muchos expertos, no está en prohibir una pornografía que es reflejo del constructo social y relacional existente. «La solución –apostilla Gámez– pasa por cambiar las actitudes sociales que perpetúan el sometimiento de la mujer».