+
Accede a tu cuenta

 

O accede con tus datos de Usuario El Periódico Mediterráneo:

Recordarme

Puedes recuperar tu contraseña o registrarte

 
 
   
 
 

Un reputado seductor

La fama de conquistador del tenor español era bien conocida en el mundo operístico

 

Pablo Meléndez-Haddad
14/08/2019

El 24 de enero del 2011 el Teatro Real de Madrid celebraba con una gala por todo lo alto los 70 años de Plácido Domingo. El gran artista madrileño estaba en el palco real junto a la que ha sido su esposa y compañera durante más de cinco décadas, Marta Ornelas, y a diversas autoridades de la villa y corte. En el escenario, el barítono uruguayo Erwin Schrott -padre del hijo de Anna Netebko- interpretó el aria del catálogo de Leporello del Don Giovanni, en la que describe la cantidad de mujeres seducidas por su patrón, Don Juan. Schrott, con el programa de mano de la velada ilustrado con un retrato de Domingo, insistía en su interpretación en unir con ironía y simpatía esa imagen que tenía en las manos con el personaje al que se agasajaba.

La broma pasó desapercibida para el público, pero en absoluto para quienes forman parte del mundo de la lírica: se trató de un pequeño escándalo porque la alusión era evidente. ¿Cómo se estaría sintiendo Plácido en su trono de homenajeado? ¿Y Marta Ornelas? Porque, para todos en la profesión, la fama de seductor de Domingo era conocida, general y absoluta.

Su talento inigualable, su poderío escénico, su talante de galán, su encanto personal y su caballerosidad lo convertían en un semidiós. En los años 80 y 90, en el circuito operístico, eran muchas las mujeres (admiradoras, cantantes) que se daban codazos por poseerlo. Y, por lo mismo, ha chocado en el ámbito que Plácido haya presionado a mujeres para conseguir sexo.

Aplausos, glamur y lejanía

Una soprano internacional de primera fila explica que al comienzo de su carrera Domingo la intentó seducir, pero ella declinó la invitación. «No era mi tipo», dice. A pesar de la negativa, afirma esta cantante que prefiere no dar su nombre, «seguimos cantando juntos durante años, grabamos discos, hicimos decenas de conciertos. En cambio, cuando no consentí el acoso que me hizo en mi camerino el director de un teatro de ópera parisino que hoy sigue en activo momentos antes de salir a escena, su venganza particular fue no volver a contratarme. No lo denuncié por las dificultades que comportaba. En cualquier caso, su influencia no afectó a mi carrera, que siguió adelante sin problemas».

La vida de un cantante de ópera y de un director de orquesta, todo aplausos y glamur, también es la de un artista que vive meses lejos de su familia, compartiendo intensamente breves periodos con un grupo de colegas muchas veces desconocidos en una ciudad lejana, con quienes después no vuelve a coincidir incluso en años, una situación que da para mucho.

Son pocos los matrimonios que resisten este tipo de vida, pero el de Domingo ha durado más de medio siglo. La época del #MeToo le está pasando factura y ya se verá si los argumentos de estas mujeres que le acusan casi todas anónimamente –con la excepción de la mezzosoprano Patricia Wulf, que sí ha dado la cara–, tanto por acoso como por represalias ante la negativa a satisfacer su apetito sexual, se concretan en denuncias ante las autoridades competentes. De momento solo han sacudido como un bombazo a la sociedad en general y al mundo de la ópera en particular.