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CASTELLONENSES EN LOS SANFERMINES

Los ‘victorianos’ ponen a prueba su fama de atletas

Samuel Valero, Sergio Pérez y Mateo Ferris logran realizar buenas carreras

 

Los toros hacen su entrada en el callejón arropados por los corredores. - EFE

PATRICIA RODRÍGUEZ
13/07/2018

A los seis toros de Victoriano del Río les habían buscado un entrenador personal. El gimnasio queda lejos de la finca El Palomar, en la que entrenan 4 kilómetros tres veces por semana. Lo explicaba ayer, en los minutos previos a las 8.00 horas, el ganadero Pablo del Río: «Durante un año se les aclimata al ejercicio físico». Y ayer se buscaba resultados sobre los adoquines.

Que los victorianos van de runners a Pamplona ya no sorprende a nadie. Tampoco a los corredores que tomaron parte en el sexto encierro de San Fermín, que se desarrolló con el piso algo mojado a causa de la leve lluvia que comenzó a caer en los minutos previos a la carrera. Pero ese clima que significa problemas no consiguió sacar del recorrido a Lluís Barraganes, acompañado de su familia, o a David Ródenas. Todos vecinos de Onda.

Tres cánticos, oraciones, miradas al cielo, apretones de mano... Y el cohete. Con el portón a medio abrir, salieron los cabestros primero con un toro más adelantado y pequeños grupos de 3 y 2 sin romperse la manada. Tan solo el resbalón de uno de ellos hizo pensar en lo contrario, pero el victoriano continuó marcha por Mercaderes recordando los consejos de personal trainer de la finca.

Preciosa imagen la que dejó la torada en los primeros metros de Estafeta con una fila india de astados arropada por los mansos también estirados. En su camino hacia el tramo de Telefónica dos de los primeros ejemplares tomaron el liderazgo distanciándose del resto. Disfrutaron los corredores que fueron capaces de seguirles el ritmo. Cerca estuvo de los pitones del primero Samuel Valero, de Almassora; mientras que Sergio Pérez lo intentó con el segundo. Mateo Ferris se hizo hueco con el grupo que cerraba y guió al tercero con maneras.

Los sustos llegaron en la parte derecha del vallado de entrada al callejón, donde el pitón del segundo toro rebañó el cuello de un mozo sin que aquello tuviera más consecuencias que una imagen escalofriante. Porque los de Victoriano no querían embestir, querían correr. Y siguieron ruta hasta alcanzar su meta en grupos de tres, como si lo llevaran ensayado. Ya en chiqueros fueron conocedores de cuánto habían tardado en recorrer los 875 metros: dos minutos y 19 segundos. Un tiempo inferior al de su media, fijado en dos minutos y 23 segundos; pero no inferior al de los fuenteymbros. Habrá que seguir entrenando a fondo.