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APP DE ANIVERSARIO

La vida con Whatsapp

España es el país europeo que más utiliza el programa, con varias conexiones al día. La aplicación de mensajería cumple ocho años en los que ha cambiado las costumbres sociales

 

CARMEN JANÉ
24/02/2017

Ocho años ya, ¡uff!, qué rápido…» Hasta al sociólogo Francesc Núñez le ha pasado en un suspiro el aumento del uso de Whatsapp, la aplicación móvil que más personas usan en España, el país más aficionado de Europa, según datos del Eurobarómetro. En números, el 90,8% de los usuarios de telefonía móvil, según el Centro de Investigaciones Sociológicas, y de ellos, casi la mitad (42,3%) afirma que lo usa «continuamente» y el 47,5% «varias veces al día». Sumando, representan el 89,8% de los usuarios. Casi todos, vamos. Y Whatsapp se ha convertido en un fenómeno social que ha cambiado la forma de comunicarse, de ir por la calle, de relacionarse o incluso de estar localizado.

«Las infinitas posibilidades de la tecnología han dado efectos no previstos. Vivimos en una conversación continuada, una comunicación más asequible que rompe las barreras del tiempo y del espacio, pero también nuevas exigencias que provocan malentendidos y ansiedad», analiza Núñez. Fue el caso del doble check, un doble icono azul que indica que el usuario ha recibido el mensaje enviado y teóricamente lo ha leído, y que llegó a provocar rupturas de parejas. Cuando la empresa permitió eliminarlo, muchos respiraron aliviados. A otros todavía les contraria.

Whatsapp nació como empresa el 24 de febrero del 2009 pero no apareció en la App Store de Apple hasta noviembre de ese mismo año, con su doble check y sus cambios de estado automáticos. El éxito llevó a la condena del mensaje corto telefónico, el SMS, con los que las operadoras cuadraban sus cuentas. Solo en un año, el 2010, los ingresos en España por mensajes cayeron casi un 20%. Tan solo en márketing han resistido con campañas masivas. «El uso de los mensajes gratuitos ha traído ausencia de discriminación. El culmen es año nuevo, cuando recibes mensajes de gente con quien hace tiempo que no hablas solo porque se pueden enviar a toda la agenda», como señala Víctor Puig, experto en reputación digital.

ÉXITO // Primero salió la versión de iPhone, luego la de Blackberry y Nokia, y la última, la de Android. Y es que las tarifas de datos para los smartphones, cada vez más asequibles, hicieron que la app triunfara sin remisión, incluso entre públicos más mayores que los habituales de las redes sociales. «Es la red social de los mayores porque es la más fácil de usar. Para las abuelas ha sido el gran descubrimiento y te mandan hasta fotos», apunta Laura Rosillo, formadora de séniores.

El grueso de los usuarios de Whatsapp admiten que tienen entre 51 y 200 contactos en su agenda, según el CIS. Y mantienen entre cinco y 10 conversaciones al día (el 35,3%) o entre 11 y 20 (13,2%). El 72% lo hace para hablar con la familia, el 68% con amigos y el 41% para planear actividades. La constante atención a la pantalla leyendo y respondiendo wasaps ha hecho que hayamos aprendido a sortear los obstáculos mientras tecleamos por la calle, además a dos manos, o a que se vea a familias en la mesa, cada uno con su móvil.

Mamás del cole, cena reencuentro, planazo del domingo… «El móvil es intrusivo pero el Whatsapp invade mi vida. Cada semana abro un grupo, para proyectos, familia, amigas… Es tan inmediato y gratificante que se me juntan por la noche de 50 a 100 mensajes cada día por leer», confiesa Rosillo. Los grupos de usuarios, presentes desde 2011, se han convertido en el gran atractivo y la gran pesadilla de la aplicación. «Me hicieron feliz cuando me permitieron silenciar los grupos, porque hay algunos de lo que si te vas, quedas fatal», explica Ester, administrativa. También ha cambiado la privacidad. «Como en las antiguas listas de correo, en los grupos de Whatsapp se difunde información mucho más sensible que en otras redes sociales y eso puede generar muchos más problemas porque lo que se escribe en un entorno privado deja de ser privado pronto», recuerda Puig.

una RESPUESTA INMEDIATA // «Con el correo se aceptaba que la respuesta se demorara un día o dos; con Whatsapp no. Parece que exija una respuesta inmediata. Si se incluye en una estructura laboral, ha de haber un pacto de cuándo se puede responder o no», señala Puig. «Genera nuevas formas de exigencia en una conversación que se supone continuada aunque rompa las barreras del tiempo y el espacio. No responder al instante genera la ansiedad de la espera», afirma Francesc Núñez. Y si encima ha salido el doble check, peor.