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Sucesos

 

REPORTAJE

Ancianos: objetivo fácil de ladrones

El caso de Avelina de la Llosa, asesinada por un chico de 18 años ha causado conmoción; el martes juzgan a una banda por el asalto a Ramón y María Fina en les Useres, pero con muchos los crímenes a personas mayores ocurridos ya en Castellón

 

CASTELLÓN . El asesino de Concha Roig y su madre, condenados. - MEDITERRÁNEO

LES USERES. El matrimonio de Ramón y Mari Fina fue apaleado por una banda. El martes es el juicio. - MEDITERRÁNEO

YOLANDA TENA SOLA-VERA
26/03/2017

Son el objetivo fácil. El paso de los años, la edad, les lleva a ser más incautos, más ingenuos, más confiados y, por tanto, las víctimas mayoritarias de robos, estafas y fraudes. El último caso de robo a una anciana ha sucedido en la Llosa con un fatal desenlace: su muerte. Avelina, de 81 años, moría a manos de un joven del pueblo, Lucio D.L., de 18 años, quien le propinó, al parecer, un fuerte empujón que la hizo caer al suelo y golpearse la cabeza fatalmente. El chico buscaba los 600 euros que la mujer guardaba en su casa tras sacarlos del banco días antes.

Además de Lucio, que ingresó en prisión preventiva el pasado viernes, hay otros tres chavales implicados que han quedado en libertad con cargos: Jairo. A.M., de 18 años, y sobrino de una de las mejores amigas de Avelina, sospechoso de ser cómplice del crimen; y dos chavales de 16 años, uno de ellos hermano de Lucio, como encubridor y por receptación, respectivamente. Un drama para la Llosa del que todo el mundo habla ahora puesto que víctima y detenidos son de la localidad.

El crimen de Concha Roig

Pero este no es el único caso de una persona mayor asesinada durante un robo. Lamentablemente Castellón conserva en su memoria otros sucesos escalofriantes. El más sonado quizá fue el de la exconcejala de UCD en el Ayuntamiento de Castellón, Concha Roig, de 71 años, que murió después de que el hijo de su empleada del hogar, Florin Ionut Lisnic, de 18 años, le clavara una catana en el cuello y le realizara hasta 36 cortes por el cuerpo con dos espadas más, en su ático de la calle Enmedio, 103, en la tarde del 25 de mayo del año 2010.

Concha había sido víctima de numerosos robos por parte de su asistenta, pero nunca llegó a denunciarla, parecer ser que por pena. El asesino, que llegó a confesar el crimen en el juicio, fue condenado finalmente a 29 años y medio de cárcel mientras que su madre, de nombre Olguta, fue sentenciada a un año y medio de prisión por hurto, ya que se apoderó de más de 30.000 euros en joyas de oro durante el tiempo que estuvo trabajando para la víctima, quien había depositado siempre toda su confianza en ella y le dejó las llaves de su casa. Unas llaves que su hijo usó el día que la asesinó.

Los Almela de la Vall

El conocido empresario Vicente Almela, de 90 años, y su esposa Consuelo Gil, de 87, fueron brutalmente atacados de madrugada por un grupo de la ladrones, entre los que se encontraba el novio de su empleada del hogar. Los delincuentes, tras abrirles la puerta la chica y fingir, además, ser ella también víctima del atraco, los golpearon y amordazaron sin compasión, atándolos a una cama, para apoderarse de varias cajas fuertes con joyas y 9.000 euros en metálico. Vicente Almela moría asfixiado por la mordaza que le habían puesto en la nariz y en la boca, que le impidió respirar. Su esposa consiguió salvar la vida. En el juicio, que se celebró hace un año, los cuatro acusados --entre ellos la cuidadora y su pareja sentimental-- fueron condenados a un total de 79 años de cárcel (19 años la empleada y 20 para los otros tres asesinos).

El caso de Alfredo Bellmunt

Alfredo Bellmunt Ripollés, de 83 años, vivía en la plaza del País valencià de Castellón. Para sus cuidados diarios contrató los servicios de una cuidadora, Ramona Cobzaru, cuyo novio estaba enganchado a las drogas. La noche del 6 de agosto del 2011, el joven le pidió a la empleada que le pidiera a Alfredo un anticipo con la finalidad de tener liquidez para comprar sustancias estupefacientes y saciar su adicción. Los dos fueron a la casa de Alfredo. Primero entró en la casa Ramona con las llaves de que disponía mientras que su novio, Ionel, se quedó fuera. Como no conseguía el anticipo, idearon robarle.

Una vez dentro, advirtieron que Alfredo Bellmunt, que estaba viendo la televisión, llevaba colgada al cuello una cadena de oro con una medalla de la Virgen de Lledó. Ionel se acercó sigilosamente por detrás para quitársela pensando que Alfredo no se daría cuenta, pero el anciano se giró y lo vio, por lo que el asesino le tapó fuertemente la boca con una mano al tiempo que con la otra le apretó el cuello hasta que lo mató estrangulándolo, bajo la mirada de su novia y cuidadora. Los dos vendieron las joyas robadas a un tercero que les pagó 150 euros en total. Tras el juicio, que se celebró a finales del año 2012, los dos fueron condenados: ella a cuatro años de cárcel y él a 16 por el asesinato.

Ramón y Fina de les Useres

El martes la Sección Primera de la Audiencia de Castellón acoge el juicio contra una banda, formada por tres ladrones multirreincidentes, por el robo con violencia ocurrido en abril del 2011 sobre el matrimonio de ancianos formado por Ramón Cuevas y María Fina Beltrán, que entonces tenían 73 y 71 años. Los asaltantes, con ropas oscuras, guantes y pasamontañas, se dirigieron a la vivienda de Ramón y María Fina, que en esos momentos dormían. Así, entraron por unas escaleras de piedra que daban a la terraza y tras acceder a la casa se dirigieron al dormitorio de las víctimas abalanzándose sobre el matrimonio de forma inesperada.

Los acusados les propinaron numerosos puñetazos y golpes por todo el cuerpo, al tiempo que los cogían del cuello y les exigían que les dijeran dónde estaba el dinero. Tal y como narró tras el terrible suceso Ramón, en declaraciones a Mediterráneo, cuando estaba ingresado en el Hospital General: «Lo primero que hice fue decirles dónde estaba el dinero, porque hacía unos días que había ido al banco y tenía guardados 1.000 euros, pero aún querían más y no paraban de golpearnos... Les dije que el resto lo tenía todo en el banco y nos apalearon más».

Los delincuentes los ataron con cables eléctricos y les metieron un trapo en la boca. La banda pudo hacerse con 1.000 euros en efectivo y 6.671 en joyas, huyendo del lugar, dejando a Ramón y a María Fina inmóviles durante casi 20 horas. Fue la hija de ambos, María José, la que al ver que no respondían al teléfono decidió acercarse a la casa donde los encontró amordazados. Ramón estuvo tres días en la UCI, con siete costillas rotas y múltiples hematomas. Su mujer también contaba con graves lesiones. El fiscal pide 81 años para los ladrones.

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