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El presidente electo Trump ha anunciado que derogará gran parte del legado del demócrata H La reforma sanitaria y la lucha contra el cambio climático están seriamente amenazadas

 

BARCELONA
10/11/2016

Barack Obama se dirigió desde el estrado a su joven audiencia, formada por estudiantes, y les dijo, en la recta final de la campaña electoral: «Ten presente, Carolina del Norte, que todo el progreso que hemos hecho a lo largo de los últimos ocho años, todo el progreso que confiamos en hacer los próximos ocho años, saldrá por la ventana si no ganamos estas elecciones». Y añadió. «Y no ganaremos sin Carolina del Norte».

Y Hillary Clinton no ganó Carolina del Norte. Y perdió las elecciones. Y la tercera admonición de Obama suena ahora como un funesto augurio para el presidente demócrata, su legado y algunas políticas –desde la reforma sanitaria hasta la lucha contra el cambio climático pasando por algunos tratados internacionales– que con todas sus imperfecciones dieron un cariz progresista al país y que desde el preciso momento en que Dolad Trump tome posesión de su cargo estarán a una firma del presidente de ser anuladas.

Por decreto

Trump contará con el poder del presidente y con un Congreso mucho más favorable que el que ha tenido Obama, ya que el Partido Republicano es mayoritario en la Cámara de Representantes y en el Senado. La feroz oposición que ha sufrido Obama por parte del Congreso explica que el demócrata haya recurrido a menudo al decreto presidencial para gobernar.

Esta ha sido uno de los amargos e interminables pleitos que han caracterizado la presidencia de Obama: el Congreso polarizado y bloqueado por la intransigencia del Tea Party denunciaba su querencia por el decreto. En cuanto Trump ocupe el Despacho Oval, las tornas cambiarán, y esos mismos decretos que una firma del 44º presidente puso en marcha podrán ser anulados con la rúbrica del 45º presidente. Otros asuntos de mayor calado podrán ser revertidos con la acción conjunta de la Casa Blanca y el Capitolio.

La lista es larga e incluye algunas de las medidas más importantes de la administración Obama. Con las órdenes ejecutivas, Obama ha decretado la prohibición de la deportación de niños hijos de emigrantes irregulares, ha establecido regulaciones en la emisión de gases invernadero y ha ampliado los derechos de las parejas de mismo sexo. Trump ya ha anunciado que piensa derrocar obamacare, la controvertida reforma del sistema sanitario que es uno de los principales logros de Obama en la Casa Blanca, y también peligran tratados internacionales como el de Irán o el de la conferencia de París contra el cambio climático.

No en vano Trump considera un «fraude» el cambio climático. Toda la política medioambiental corre peligro.

Comercio e impuestos

En política económica, el ideario de Trump rechaza los acuerdos de comercio –un aspecto básico en su victoria electoral– defiende la reducción de los impuestos a los ricos y la derogación de las políticas de estímulo de la economía en vigor desde el 2009.

Por supuesto, reducir la inversión pública del ya de por sí delgado Estado del bienestar estadounidense será otra prioridad de los conservadores.

Y, a medio-largo plazo, Trump podría tener una carta crucial: el nombramiento de un nuevo juez del Tribunal Supremo que rompa el empate entre conservadores y progresistas. El Congreso ha bloqueado el nombramiento de Obama, y nada hace pensar que le regalarán algo así en sus últimos meses.

Con un Tribunal Supremo conservador nada es imposible para la derecha, ni siquiera Roe vs Wade, la sentencia que permite el aborto. El problema para los progresistas en Estados Unidos va mucho más allá que el legado del demócrata Barack Obama. H