+
Accede a tu cuenta

 

O accede con tus datos de Usuario El Periódico Mediterráneo:

Recordarme

Puedes recuperar tu contraseña o registrarte

 
 
 
   
 
 

ANÁLISIS

Las caras de la noche electoral

Ximo Puig salva los muebles al sumar votos frente a sus socios de A la Valenciana que se desinflan pese a repetir el ‘sorpasso’. Isabel Bonig logra una nueva victoria del PPCV que la consolida como lideresa de un partido que mantiene el músculo electoral

 

JAVIER ABAD
28/06/2016

Dicen que la cara es el reflejo del alma. Y así es. Basta con ver las de la noche electoral para leer los resultados. Son tres caras, las de Isabel Bonig, Mónica Oltra y Ximo Puig. Vayamos por partes. La cara de la alegría era para la lideresa del PPCV, quien puede estar moderadamente satisfecha por el resultado obtenido si nos centramos en que vienen de un largo purgatorio por la pena de la corrupción y el desgaste de los 20 años de gobiernos populares. De ahí que seguir manteniendo el voto fiel de casi un millón de valencianos hay que atribuírselo a Bonig y a su capacidad de regenerar, reilusionar y mantener unido a un partido hasta hace cuatro días sumido en la depresión. La corrupción y los corruptos están ahí para sonrojo de todos pero, por más que estratégicamente se empeñen sus adversarios políticos, parece amortizada. El PP ya pagó su factura con la pérdida de la mayoría absoluta en las autonómicas y municipales del 2015 y ahora serán los jueces quienes pongan a cada uno en su lugar.

Aunque todavía lejos en porcentaje de votos de feudos tradicionales como Madrid (38,2%), Galicia (41,4%), Murcia (46,7%) o Castilla León (44,3%), Bonig, con el 35,4%, logra dos diputados más (13) y consolida su liderazgo en el PPCV, por si había alguna duda en algún pequeño grupúsculo de Valencia, cara al congreso regional del año que viene y a su candidatura para la Presidencia de la Generalitat en el 2019.

La cara de la decepción era la de Mónica Oltra. La lideresa de Compromís y una de las impulsoras de A la Valenciana (la coalición entre Compromís, Podemos y Esquerra Unida), aspiraba no solo a repetir el sorpasso al PSPV, como así ha sido, sino también al PPCV, y alzarse con la vitola de primera fuerza política en la Comunitat. No lo han logrado. Al contrario, han perdido votos, y eso que está vez concurrían con EU, partido por otra parte, que si ya era residual, ahora parece haber firmado su finiquito. Falta por saber qué pasará con esa ensaladilla rusa y qué papel querrá jugar el Bloc, socio mayoritario de la coalición. Son muchos los que no esconden su malestar y ya están con la espada afilada, aunque saben que Oltra, para bien o para mal y todavía hoy, es la llave si quieren llegar a lo más alto en la cita con las urnas del 2019.

La cara de susto era la de Ximo Puig, por lo que hubiera podido ser y no ha sido. No sale reforzado el de Morella de la cita electoral, pero tampoco trasquilado. Sí, ha perdido un diputado en Alicante y eso le debilita, pero la tendencia no es mala y sube ligeramente en votos (6.494 más que el 20-D y 28.885 respecto a las autonómicas del pasado año, su suelo electoral) y porcentaje (un punto).

Está claro que el voto del miedo a Podemos se ha concentrado en el PP y no ha ido al PSPV, al intuir que si votaban socialista no se alejaban de Podemos. Por eso Puig ha defendido un espacio político en el que nadie ha entrado, el centro izquierda, para ganar apoyos. Y tiene lo que tiene. Ahora toca analizar por enésima vez por qué los socialistas valencianos son incapaces de presentar un proyecto que ilusione para recuperar la confianza de los ciudadanos. Para ello deben empezar por la regeneración. Lo dijo ayer el propio Puig cuando en una entrevista apostó por modernizar el PSPV. Y tiene una buena oportunidad para ello. Viene un congreso y con él debe llegar la nueva hornada de alcaldes y concejales para actualizar caras y discurso. Y ahí están Tania Baños, Estíbaliz Pérez, Merche Galí, José Benlloch, Samuel Falomir, Rafa Simó, Ximo Huguet...

Por ultimo, y sin ponerle cara porque no la hay, está Ciudadanos. Un partido que se resume en su líder (Albert Rivera), sin infraestructura visible en Castellón o la Comunitat, y cuyo suflé se desinfla.