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Vila-real

 

TODA UNA VIDA

Artista dels 'cordonets' de Sant Pasqual con 90 años

La tradición se remonta a mitad del siglo XX y está muy arraigada entre gente de Vila-real y otras partes de la provincia

 

Sor María Gracia, junto al alcalde de Vila-real, José Benlloch, sopló la vela de su 90º aniversario en la fiesta celebrada en su honor. - MEDITERRÁNEO

BERNABÉ SANGÜESA
06/08/2019

A sus 90 años, sor María Gracia Colomer Ripollés continúa siendo una artista de los tradicionales cordonets de Sant Pasqual. La religiosa lleva toda la vida cosiendo estas trenzas de hilo o de lana que puede ser de colores variados y que prácticamente toda la gente de Vila-real y mucha de la provincia de Castellón e, incluso, de otros puntos de España, lleva en la muñeca o el tobillo. Estos representan el cordón característico del hábito franciscano.

El pasado 1 de agosto fue un día muy especial para ella. El alcalde de la ciudad, José Benlloch, junto a varias monjas del convento y los concejales de Economía y de Territorio, Jesús Madrigal y Emilio Obiol, respectivamente, le organizaron una fiesta y le dieron una gran sorpresa para celebrar su 90° aniversario. Con una comida muy emotiva, se reunieron en un encuentro «que hizo mucha ilusión a sor María», según afirma el propio munícipe, que luce cordones diferentes, «más grandes y de color rojo», que le confecciona la homenajeada.

La religiosa, a pesar de no ser natural de la ciudad, lleva gran parte de su vida residiendo allí. Nació un 1 de agosto de 1929 en la localidad de Vilafranca del Cid, en Els Ports, donde vivió junto a sus tres hermanos y dos hermanas. Su madre le puso el nombre de Dolores, pero cuando decidió entrar en el convento, el 6 de diciembre de 1953, se lo cambió por el actual. Muchas son las penurias que pasaron en años de posguerra por escasez de alimentos. Ahora, con 90 años y 64 de devoción religiosa, cuenta con una gran experiencia en estos menesteres a sus espaldas y es una de las responsables de hacer estos cordonets que cosechan tanto éxito entre los vecinos y visitantes.

Una tradición muy extendida

El origen de este hábito se remonta a mediados del siglo XX y, a pesar de su vinculación religiosa, las monjas de la hermandad siguen repartiendo sus creaciones más allá del ámbito espiritual e, incluso, fuera de Vila-real. A cambio de una pequeña cuantía económica, destinada al mantenimiento de la comunidad de las clarisas y el cuidado de la basílica, los interesados adquieren estos detalles, que se pasan por encima de las reliquias del santo sepulcro de Sant Pasqual para su bendición. La tradición más devota hace que muchas familias se regalen estos cordones para que el santo los proteja. Y las más pagana ha provocado que las pulseras se hayan convertido en un elemento futbolístico por los colores. H