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el obispo casimiro lópez llorente preside el oficio matinal en la basílica

Misa y procesión marcan la pasión de los vila-realenses por su patrón

En el desfile religioso no falta la simpática imagen de los pequeños que han tomado la comunión . Miembros de entidades y vecinos en general salen a la calle para rendir pleitesía al fraile franciscano

 

Los populares ‘pastorets’ aportaron colorido a la mayor manifestación de fervor por Sant Pasqual. -

JOSEP CARDA
18/05/2019

Los vila-realenses entran de lleno en el último fin de semana de las fiestas que celebran en honor a Sant Pasqual. Y lo hacen tras cumplir masivamente, ayer, con la promesa de rendir pleitesía cada 17 de mayo a aquel fraile franciscano que llegó en 1589 a Vila-real, donde falleció tres años después. Eso sí, dejando un inmensa huella, en especial entre los más necesitados, que todavía perdura.

De hecho, la jornada del viernes, día grande del patrón, la misa pontifical de la mañana y la procesión vespertina centraron la actividad festiva. Un oficio que presidió el obispo de la diócesis de Segorbe-Castellón, Casimiro López Llorente, quien en su homilía ensalzó «la humildad, el sacrificio y el trabajo hacia los demás» que evidenció Sant Pasqual. Asimismo, aprovechó para reivindicar el carácter religioso de estas celebraciones de mayo, más allá de su vertiente lúdica.

Seis horas después tuvo lugar la tradicional procesión. Como es habitual, integrantes del Grup de Danses el Raval fueron los encargados de esparcir por todo el recorrido las hojas y la murta, a modo de alfombra para el paso de la imagen del franciscano, que de nuevo salió de la basílica a hombros de sus portadores.

Altas dosis de fervor y devoción se respiraron en el poco más de un kilómetro de trayecto procesional, en el que no faltaron cientos de feligreses y un buen número de asociaciones sociales y religiosas, con sus estandartes, así como los populares pastorets.

Otra de las estampas típicas y simpáticas de la cita es la presencia de los niños vestidos de primera comunión. En definitiva, una muestra de pasión hacia Sant Pasqual que acabó con una enramà frente a la basílica.