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Bares

El bar de Barcelona donde todo vale 1 euro

Alucinación ‘low cost’ en tiempos de inflación: Tot 1 € Bar. Imán de tiktokeros en busca de gangas virales. Un bar de toda la vida donde hay cola los fines de semana. Con un billete de 5 €, se ahogan penas nivel infanta Cristina

Josep Serral, el dueño de Tot 1 € Bar de Barcelona, posa en la entrada del local entre pizarras que anuncian todo a 1 euro. JOAN CORTADELLAS

Los transeúntes se paran en seco ante la puerta con los ojos saltando de las órbitas a lo dibujo de Looney Tunes. Ni que acabaran de ver a Shakira en un mostrador de Hacienda. Parece una alucinación ‘low cost’ en tiempos de inflación: Tot 1 € Bar, se lee en la entrada acristalada. Se ha convertido en imán de tiktokeros en busca de gangas virales. Tan comentado en redes como la portada del ‘¡Hola! de la reina Letizia. “¿En serio cuesta todo 1 euro?”, les preguntan cada día aún sin creerlo. Es una pregunta retórica. Las pizarras repiten el mismo precio allá donde mires. “Cerveza: 1 €”. “Chupito: 1 €”. “Coca-Cola: 1 €”. “Bikini: 1 €. “Hamburguesa: 1 €”. A uno le entran ganas de invitar aunque sea más agarrado que el tío Gilito. Con un billete de 5, aquí se ahogan penas nivel infanta Cristina. 

Dirías que es un bar de toda la vida: barra amplia donde aparcar el codo, taburetes altos, tele, tragaperras, camareros con palique. Si te fijas, verás que tiene más vasos de chupito que la media. Los fines de semana hay cola para entrar. “Es un bar de toda la vida –asiente el dueño-. La única diferencia es que tenemos un precio fijo para todo”. 

Josep Serral te habla de las subidas de precios con precisión decimal. De su negocio viven 7 familias a base de monedas de euro. El bar lo montó un amigo suyo hace 8 años. Él lo lleva desde hace 5, pandemia incluida. ¿El secreto? “Lo que hay que hacer es controlar mucho los costes –responde sin secretismos-. Hay que controlarlos mucho”. 

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Abre 18 horas y media al día

Lo mismo te encuentras currantes desayunando que ‘influencers’ haciendo vídeos, turistas con la boca abierta o jóvenes de copas. Es difícil toparse con la persiana bajada. El bar está abierto 18 horas y media al día. De 7.30 a 2 de la mañana. Hasta las 3, los fines de semana. “¿El motivo? –se autopregunta Josep-. Es muy fácil. Aquí somos como una hormiguita. Hay que estar horas abierto para ir haciendo 1 eurito, 1 eurito, 1 eurito…”. 

“El bar más barato de Barcelona”, proclama en redes cada tiktokero que lo va descubriendo. Hasta se puede pagar 1 euro con tarjeta, garantiza Mauricio, el camarero, tras la barra mañanera. “Somos los más baratos de Barcelona”, asiente Fernando, socio del local. Muchos no se fían al ver los precios, asume ya el dueño con resignación. “Nadie regala nada por nada”, cuestionan los comentarios por las redes.

Es hora de desayunar, así que sacas 1 euro y te pides un biquini. Es inevitable la primera vez: lo miras con más desconfianza que a un tertuliano de la tele. Hasta que le das el primer bocado. No es de ‘brunch’, no, pero no está nada mal para lo que vale. “No hay nada que sea malo”, insiste el dueño. “Toda la carne se compra en Makro”, te va enumerando de carrerilla la procedencia de cada producto. El pan del bikini es de Bimbo; los dónuts, de Donuts; la bollería, de Alvilardan, “una empresa que hace pan de toda la vida”. Y te enseña la despensa con el mismo detalle que si fueras Chicote en ‘Pesadilla en la cocina’

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Josep ha probado todo lo que se sirve en el bar. “Yo lo pruebo todo”, garantiza. Comida y alcohol. Ha catado todas las marcas. “No el mismo día”, se ríe. Suele hacer cástings ‘low cost’. “El secreto –dice- está en coger marcas alternativas, irlas probando: esta no, esta no, esta no, y quedarte con una”. Sirven Altmeister en vez de Jägermeister y el tequila se llama La Piedad. Y sí, descubrirás al día siguiente que es piadoso con las resacas. “Aquí no se tira de garrafa”, Josep te enseña cajas de marca precintadas. ¿Lo más vendido? La cerveza, claro. Solo venden quintos de San Miguel. 

¿Lo que más sorprende encontrarse por 1 euro? Una hamburguesa. “Es de 110 gramos”, detalla el dueño. La sirven a pelo dentro del pan, acompañada solo de una bolsita de kétchup. “En estos momentos, con la hamburguesa no se gana nada”, se encoge de hombros Josep. “La inflación nos está… -resopla-. Me preocupa. A final de año haré cuentas”. Va a tener que cobrar el kétchup, se lamenta. “Ha multiplicado por 2 el precio. Valía 0,5 y ahora vale 0,10 –cuenta al milímetro-. La leche ha subido 2 céntimos. Hacía 10 años que no movían precio”.  

Si suena una campana es que acaban de dejar propina. En un bar donde se puede pagar 1 euro con tarjeta hay quien ha llegado a dejar billetes de 10 y 20 de más, asegura Gloria, camarera del turno nocturno. Cada vez que alguien cuelga un vídeo en TikTok, dice, esto se llena. “Muchos se toman fotos con nosotros”, sonríe.

A partir de las diez de la noche, se atenúan las luces, suenan vídeos musicales por la tele, va bajando la media de edad. A las once empieza a formarse cola los fines de semana. Gloria te sirve una copa de Can Paixano. Es la especialidad del bar, aunque lo que más piden por las noches es el tequila piadoso. El rosado casi desborda la copa. “Somos generosos”, sonríe al lado Josep, el otro camarero de la noche. “La Niña”, le llaman sus compañeros. ¿Que por qué se llena? “Por el precio, sin duda. Y porque siempre hay buen rollo”, responde Xavi, un cliente habitual de 19 años. 

Las copas se crean a base de chupitos y refrescos, de 1 euro en 1 euro, informa en la puerta un cartel. “Single”, 1 chupito; “double”, 2; con 3, ya es “too much”. En breve llegará el grupo de chicas que suele perrear junto a la tele, te anuncian. Ahí está la que llora siempre después del cuarto chupito. ¿Un tequila? 

Los vasos circulan a velocidad discotequera. Se ve mucho saludo, mucho habitual, mucho guiri, “mucho chico guapo”, dice La Niña sonriendo a un turista. Hay clientes que les aplauden, cuenta Gloria sirviéndote otro chupito. ¿Orujo? Les suelen decir que son los mejores camareros, promete. Y sí, lo reafirmarás apenas media hora después. Ezta gente zon tush mejodes armigosh, jodrerr.

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