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Rubén Miralles, de cocinar en restaurantes humildes a la estrella Michelin: "Un plan alocado"

El chef de Vinaròs ya planea un cambio de local

Rubén Miralles, nueva estrella Michelin en Castellón.

Rubén Miralles, nueva estrella Michelin en Castellón. / Mediterráneo

Castellón

Rubén Miralles se ha despertado hoy miércoles con "casi 1.000 Whatsapp" en su teléfono móvil, después de una larga noche de celebración en Málaga. El cocinero de Vinaròs, de solo 33 años, había logrado el día anterior una estrella Michelin y eran muchos los que querían felicitarle. "Aún no soy consciente de lo que he conseguido", asegura el chef, que ve recompensada una arriesgada apuesta iniciada cuando abrió su restaurante en 2018.

Su amor por la cocina se fraguó al lado de su abuela (a la que homenajea con el plato de callos iaia Erotis, receta que aprendió de ella). Después de unos primeros coqueteos con el trabajo de sala, decidió que lo suyo era estar detrás de los fogones y, tras completar los estudios de cocina en Benicarló, se lanzó a trabajar.

Rubén Miralles en su cocina.

Rubén Miralles en su cocina. / Mediterráneo

Aprendizaje fuera de los grandes restaurantes

A diferencia de muchos cocineros estrellados, su aprendizaje no se completó en grandes restaurantes al lado de chefs de renombre, sino en establecimientos de comida tradicional, "de batalla". Primero fue el Sancho Panza de Alcossebre y después un restaurante de Peñíscola, donde durante ocho años daba de comer a diario a cientos de comensales. En su tiempo libre, leía libros de cocina y salía a comer a menudo. El conocimiento y las ideas sobre cómo debía ser su estilo se iban sedimentando. Fue entonces cuando se le encendió la luz y decidió abrir su propio local en Vinaròs.

"Fue un plan alocado; no tenía ni idea de gestión y al principio lo pagué", explica Rubén Miralles, que se embarcó en una aventura en solitario con solo 26 años. Comenzó con un menú degustación de cinco platos -ahora tiene quince-, basado en "el producto de temporada que ofrece nuestro territorio". La propuesta fue bien recibida, lo que le dio la confianza para empezar a ofrecer una cocina más ambiciosa, con tres menús y sin carta. "Yo iba a comer a restaurantes con estrella y pensaba que no estábamos tan lejos", asegura.

Estrella y nuevo local

Era su impresión y la de muchos. Esto hizo que apareciera en las quinielas como posible estrellado y que comenzaran las llamadas. "Al final puse el móvil en modo no molestar. El lunes estaba muy nervioso, y el martes (día de la gala Michelin), con la ilusión de un niño pequeño", detalla. El hecho de haber sido invitado a Málaga, claro, hacía que fuera muy probable el galardón.

El siguiente paso del vinarocense es ambicioso: cambiar su local de 100 metros cuadrados por otro de 400, una antigua cooperativa de pesca. Si se cumplen los plazos, en el primer trimestre de 2026 comenzarán las obras. "Ahora damos de comer a 20 comensales; en el nuevo local, a entre 35 y 40. Será una sala mucho más amplia y con vistas al mar", adelanta el nuevo chef estrellado de Castellón.

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