¿Dónde comer la mejor calçotada en Castellón? 8 paradas obligatorias de Les Useres al Grau
Cada vez más restaurantes de la provincia reivindican el gran ritual gastronómico del invierno con menús cerrados, romesco casero y reservas que vuelan

Mediterráneo
Desde que arranca el año y hasta finales de marzo hay un ritual gastronómico que se repite alrededor del fuego. Los calçots, esas cebollas tiernas y alargadas que nacieron casi por accidente en Valls (Tarragona), viven su momento álgido cuando el frío aprieta y las brasas empiezan a crepitar.
La tradición cuenta que fue un agricultor, Xat de Benaiges, quien descubrió su potencial tras chamuscar unas cebollas y pelarlas para comprobar que por dentro seguían tiernas y dulces. Desde entonces, el gesto de calzar la tierra alrededor del tallo para que crezca blanco y alargado dio nombre a uno de los festines más celebrados del invierno.
En Castellón, la fiebre por la calçotada no entiende de fronteras. De interior a costa, cada vez son más los restaurantes que reivindican este menú de temporada con brasas, romesco casero y largas sobremesas. Estas son ocho paradas imprescindibles para rendirse a la llamada del fuego.
Bodegas Barón d’Alba, en Les Useres: “El secreto está en el sarmiento”
En plena tierra de viñas, la experiencia va más allá del plato. María José lo resume en un pack completo: visita a la bodega, cata de los vinos de Clos d’Esgarracordes y menú completo de calçotada por 45 euros.

La cita es un valor seguro para los amantes del buen vino y los buenos calçots. / Mediterráneo
El menú incluye aperitivo, calçots y carne a la brasa, y se sirve los fines de semana desde diciembre hasta abril. Llevan cinco o seis años organizándolo y cuelgan el cartel de completo con facilidad.
Aquí hay dos claves: los calçots, cultivados por un agricultor de Cabanes y traídos recién cogidos, y las brasas, alimentadas con sarmiento de la vid de la última cosecha de la bodega de Les Useres. Tradición agrícola llevada directamente a la mesa.
Pinarlandia, en Benicàssim: “La calçotada que arrastra a toda la provincia”
José María, su propietario, lleva 14 años apostando por este menú que sirve viernes, sábado y domingo hasta finales de marzo. Este restaurante fue de los pioneros en la provincia y la respuesta es contundente: reservas con mucha antelación y mesas de hasta 20 personas.
El menú (38 euros con postre casero) arranca con embutidos catalanes y pan de hogaza tostado, sigue con calçots y romesco casero, y culmina con una parrillada generosa: chuletas, butifarra, morcilla, panceta, alcachofa, patata al horno y mongetes. El porrón de vino no falta en la mesa.

Imágenes facilitadas por el restaurante Pinarlandia de Benicàssim. / Mediterráneo
Bar-Restaurante L’Abeller, en Borriol: “120 comensales por servicio y lista de espera”
Óscar, su propietario, habla de cifras que impresionan: 120 personas el sábado y otras 120 el domingo. Trabajan bajo reserva y actualmente están completos hasta después de Magdalena.

Imágenes facilitadas por el concurrido restaurante de Borriol. / Mediterráneo
Llevan ocho años celebrando la temporada, desde principios de año hasta Pascua. Los calçots los adquieren en el Mercado de Abastos de Castelló y los preparan a la parrilla, igual que la carne.
La salsa es uno de los orgullos de la casa: casera, elaborada por Mónica, la cocinera, con tomate asado, ajo, especias, almendra, avellana y cacahuetes, todo bien tostado para lograr ese punto profundo y ligeramente ahumado.
La Carrasca, en Culla: “De la huerta a la mesa (literalmente)”
Aquí el kilómetro cero no es una etiqueta: es el huerto de casa. Cati explica que los calçots los cultiva su marido Miguel y que a mitad de marzo suelen acabarse, porque el calor los hace espigar y pierden calidad.

Huerto en el que se cultivan los calçots que posteriormente se sirven en el restaurante de Culla. / Mediterráneo
Los sirven principalmente en menú, aunque también están disponibles en carta. Todo se hace a la brasa y con salsa casera preparada con producto de proximidad en estado puro como avellanas o aceite, acompañados de pan de Culla. Casi nada.
Abrieron hace 20 años y llevan 14 celebrando calçotadas, una iniciativa que les ha permitido llenar el restaurante en meses que antes eran más tranquilos.

Poca presentación necesitan los calçots de La Carrasca (i), a la derecha, una ensalada que lleva naranjas, calçots, romesco, bacalao ahumado y trufa. Para chuparse los dedos. / Mediterráneo
Restaurante Chiva, en Castelló: “Hasta los de Tarragona vienen a probarlos”
Rosa, su propietaria, los ofrece durante toda la semana. El menú parte de 35 euros (puede subir si se elige entrecot u otras piezas) e incluye calçots —medio manojo por persona, unos 10 o 12— y parrillada de carne con alcachofa.
Todo a la brasa y con salsa casera. La anécdota lo dice todo: clientes llegados desde Tarragona, cuna de la tradición, que acudieron tras escuchar que aquí se preparaban especialmente bien.
Mas de Doblons, en Almassora: “Una calçotada para vivir de pie”
Durante enero, febrero y marzo organizan sus jornadas de calçots, pensadas para disfrutar en grupo. Laura explica el ritual: a las 13.30 abren puertas y a las 14.00 empieza la calçotada de pie, junto con alcachofas.
Después se pasa a la parrillada, el postre y el café. La bebida está incluida durante la comida. Una propuesta dinámica y pensada para compartir en familia o con amigos.

Mas de Doblons, una apuesta segura para degustar esta exquisitez. / Mediterráneo
Barriga, en Castelló: “La opción ‘urbanita’ para disfrutar sin mancharse”
Aquí hay calçots durante todo febrero como propuestas fuera de carta. La filosofía es clara: disfrutar sin complicaciones.

Imágenes de la calçotada que preparan en Barriga. / Mediterráneo
En Barriga se sirven ya pelados, eliminando guantes, baberos y ceniza. La salsa romesco es casera, pero con un giro propio: el pimiento se asa lentamente y el jugo que desprende se reduce hasta caramelizarse antes de incorporarlo, aportando profundidad y un dulzor tostado que marca la diferencia.
Ideal para quienes quieren vivir la temporada sin renunciar a la estética ni al ritual más práctico.
Sant Pau, en el Grau de Castelló: “Tradición frente al mar”
En Sant Pau Playa las calçotadas se elaboran con calçots de la zona, cocinados a la brasa junto a carne y embutidos, y servidos directamente a la mesa.
Como manda la tradición, se acompañan de vino y cava, y están disponibles de enero a marzo. Una opción perfecta para combinar brasas y brisa marina.
Consejos para disfrutar de una calçotada
- Respeta la temporada: de enero a marzo suelen estar en su mejor momento, más tiernos y dulces.
- No temas mancharte: se pelan retirando la capa exterior quemada y se elevan con la mano para sumergirlos en romesco antes de dejarlos caer en la boca.
- La salsa es sagrada: pan, aceite, frutos secos, ajo y pimiento seco son la base tradicional. Cada casa tiene su secreto.
- Comparte mesa larga: la calçotada es, ante todo, una excusa para reunirse. Cuantos más seáis, mejor sabrá.
- Reserva con antelación: muchos locales cuelgan el completo semanas antes, especialmente en fin de semana.
¿Conoces algún otro rincón en Castellón donde preparen una calçotada de diez? ¡Cuéntanoslo!
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