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El postre de moda

El 'boom' de las tartas de queso endulza Castellón: "Este negocio está saturado"

Ante la creciente competencia, los negocios como Kéik Cheesecake y Las Tartitas de Alma priorizan la calidad artesanal y la innovación en sabores

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Gabriel Utiel

Belén Nebot

Belén Nebot

Castellón

La encontramos en la carta de cualquier restaurante, en el escaparate de casi cualquier pastelería o en supermercados. Incluso hay tiendas especializadas en ella. La protagonista es la tarta de queso. Este fenómeno ha pasado de ser un simple postre a convertirse en una auténtica obsesión gastronómica y un modelo de negocio por sí mismo.

Este boom se debe a diversos factores, como su estética extremadamente visual, su cremosidad y su contraste con el tostado exterior, su expansión en redes sociales o la apertura de boutiques exclusivas especializadas en este producto. Además, la variedad de sabores atrae a todo tipo de públicos, ya que hay de Oreo, pistacho, Lotus, Kinder Bueno, chocolate belga, Filipinos…

Cabe destacar que este auge no ha pasado desapercibido en Castellón. Alejandro Tena es copropietario de Kéik Cheesecake. Lleva este negocio junto a su hermano José, que es chef. Ambos naturales de la capital de La Plana, cuentan con una tienda en València, servicio de delivery y servicio de recogida y pedidos en la parada Federico Roig del Mercado Central de Castelló. Su siguiente paso es abrir una tienda en su ciudad natal. «Mi hermano es chef profesional y perfeccionó una receta de tarta de queso. En casa nos encantaba a todos y decidimos que tenía que probarla el mundo entero», dice Tena.

El abogado Alejandro Tena junto a su hermano José.

El abogado Alejandro Tena junto a su hermano José. / Brava

Algo similar le ocurrió a Jessica Juárez, fundadora de Las Tartitas de Alma, nombre en honor a su hija. «Hace años hacía repostería por hobby y hace un tiempo retomé las tartas de queso y me puse a hacer pruebas. Mi hermano me impulsó a abrir una cuenta en Instagram para darme a conocer y, tras recibir muchos encargos, abrí la primera tienda en Castelló. Estamos también en un stand del Centro Comercial Salera y en València», explica la castellonense.

Vídeo: Jessica Juárez, propietaria de Las Tartitas de Alma, en su negocio.

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Erik Pradas

Los orígenes

Sus raíces están en la Antigua Grecia durante los primeros Juegos Olímpicos en la isla de Samos cuando se servía una versión primitiva de este pastel a los atletas para darles energía. Era una mezcla de queso triturado, miel y harina de trigo.

El gran cambio que dio origen a la tarta de queso que conocemos actualmente ocurrió en el siglo XX en Nueva York, cuando el quesero William Lawrence accidentalmente creó el queso crema en su intento de replicar un queso francés.

Los ingredientes típicos que se usan para elaborar estas tartas suelen ser queso crema, huevos, azúcar, nata para montar y harina de trigo. A día de hoy hay distintas variedades de este postre, como la tarta de queso de “La Viña” estilo vasco, la versión New York para hacer en el horno o la tarta de queso fría, sin horno, cheesecake japonés o la quesada pasiega, entre otros muchos estilos más.

La competencia

Actualmente, en este mercado hay mucha competencia debido a la cantidad de tiendas que han abierto especializadas en este producto. «Se podría decir que este negocio está saturado. De hecho, conozco clientas que ya no compran en mi tienda porque han abierto su propia cuenta en redes sociales para vender un formato muy similar al mío. Además, hay cafeterías vendiendo tartas industriales al mismo precio que las caseras, y eso no se puede comparar», afirma Juárez.

Jessica Juárez junto a algunas de sus tartas en su negocio.

Jessica Juárez junto a algunas de sus tartas en su negocio. / Erik Pradas

Ante esta rivalidad, es fundamental diferenciarse para atraer a los clientes. «Nosotros priorizamos el producto y ofrecemos tartas totalmente artesanales. No queremos vender más, sino conseguir la mejor tarta de queso posible. Además, nos enfocamos en las variantes de quesos para los amantes de este producto, sin perder los sabores dulces que sorprenden», comenta Tena. Por su parte, Jéssica Juárez asegura que intentan hacer las tartas lo más caseras posible: «Yo misma elaboro la crema de pistacho o el caramelo salado. No compro nada en obradores externos. Además, buscamos sabores que no sean excesivamente empalagosos».

Emplatando de la tarta de pistacho de Kéik Cheesecake.

Emplatando de la tarta de pistacho de Kéik Cheesecake. / PALOMA AGRAMUNT

El debate de los precios

Aparte de elogios a este postre, en redes sociales también se pueden leer críticas a los precios que muchos consideran «abusivos» por una porción de tarta de queso, puesto que suele rondar entre los 3 y 5 euros, dependiendo de la tienda e incluso el sabor. «Yo también pensaba que era un precio desorbitado antes de entrar en el negocio, pero cuando sumas los costes de materia prima de alta calidad, alquileres, personal, embalaje e impuestos como el IVA y Sociedades, el beneficio real de una porción es solo de un 10 o 15 %», explica Tena, quien además asegura que mantener un negocio con ese nivel de calidad y servicio no es tan fácil visto desde fuera.

Respecto a los sabores por excelencia entre los consumidores, la dueña de Las Tartitas de Alma destaca tres: «La tarta clásica es la que más vendemos, aunque la de Lotus también sorprende mucho. Diría que el top 3 ventas sería la clásica, la de Lotus y la de pistacho». Alejandro Tena también reconoce que la más vendida en Kéik es la tarta clásica, aunque la de pistacho le sigue muy de cerca.

El futuro

Está claro que a este postre aún le queda recorrido, igual que a estos comercios castellonenses. «Espero tener alguna tienda más y poner en marcha otro proyecto que tengo en mente en Castellón», asegura Jessica Juárez. Por su parte, el copropietario de Kéik afirma: «Queremos consolidarnos en Castellón y València y seguir ampliando en la Comunitat Valenciana y por España. Ojalá llegar algún día a Galicia, por ejemplo».

Con estos nuevos proyectos en marcha y una demanda que no deja de crecer, todo apunta a que la fiebre por la tarta de queso seguirá expandiéndose. La clave estará en la innovación y en mantener la calidad en un mercado cada vez más competitivo.

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