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La crítica de Monegal: simpatía transversal, Joaquín también seduce en Cataluña

Joaquín, con Dabiz Muñoz (’El novato’, A-3).

Este programa, ‘El novato’, que se ha inventado A-3TV, ha funcionado transversalmente en todo el país de forma inaudita: un 29,5% de cuota de pantalla, más de 3 millones de espectadores. Lo más colosal es que es que en Cataluña también ha seducido enormemente, consiguiendo una cuota del 19%, por encima de programas tan seguidos en otras franjas horarias como ‘Està passant’ o la telenovela ‘Com si fos ahir’.

O sea, que en este caso el cacareado ‘fet diferencial’, esa idea de que los catalanes, en materia televisiva, nos reímos y nos entretenemos de manera distinta, se diluye. ‘El novato’, naturalmente, es Joaquín, mítico jugador del Real Betis Balompié. A-3 le echó el ojo enseguida cuando vio que a su paso por distintos programas de la casa concitaba gran interés. Y sobre todo desbordaba enorme simpatía que enganchaba a mucha audiencia.

¡Ah! La simpatía es una emanación intangible del carácter, como un perfume que emite de manera natural una criatura. La simpatía es innata. Se tiene o no se tiene. Y si no se tiene, no se puede hacer nada para adquirirla. De entre los grandes pensadores de la historia que han reflexionado sobre la simpatía es muy interesante el matiz que introduce Plinio El Viejo en su ‘Historia natural’, contraponiendo a simpatía la antipatía, que según él es el odio sordo (‘Odia rerum surdarum ac sensu carentium’). O sea que para evitar ser odioso hay que huir de ideologías políticas, o de cuestiones peliagudas que dividan a la audiencia en partidarios y contrarios, y crear un clima blanco, superficial, alegre y atractivo.

Su primer invitado, el chef Dabiz Muñoz, ha sido ideal en este sentido. Nada hay más inofensivo que ponerte a cocinar unas lentejas con un cocinero tres estrellas Michelín. Por no ser inconveniente, Joaquín ni siquiera le preguntó por el tortazo que se pegó Dabiz con su restaurante StreetXo, en Londres. La larga conversación fue entusiástica, resaltando lo bonito y disfrutando de un Joaquín divertido, con gracia –que no gracioso– y confirmando esa impresión de ‘buena gente’ como dicen en Andalucía.

Nada tiene que ver Joaquín con lo que hacía Bertín en ‘Mi casa es la tuya’, como algunos han pretendido. En Bertín todo era engolado y presuntuoso, derroche de lujo, mansiones, multimillonarias urbanizaciones... Joaquín no alardea de riqueza ni hace ostentación de nada en absoluto. Eso se agradece mucho.

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