Hace pocos días, el PP y el PSOE, los dos por separado, claro, han celebrado sus respectivas convenciones. Se supone que siguiendo el orden y las intenciones anunciadas, esas reuniones, exposiciones, ferias de muestras políticas o mercados de ideas y propuestas cívicas, han servido para analizar la situación de España y para aprobar los programas de las próximas elecciones municipales y autonómicas. Sin embargo, da la impresión que fuera de esa anécdota que lleva a Aznar a la lista de Bilbao, las convenciones sólo han aprovechado para señalar lo que ya imaginábamos: que el PP y el PSOE tienen un modelo de España, que no igual, no es el mismo, es diferente.

Parece ser que según Aznar la derecha piensa en esa España bautizada por Fraga como la del Apóstol Santiago y la Virgen del Pilar. Algo así como una España fuerte, unida, homogénea, sin guetos culturales ni identitarios, con la estabilidad basada en una constitución intocable, etc.

Por el contrario, la izquierda y según Zapatero y los presidentes de las Comunidades del PSOE, hace falta una España en la que la unidad y la estabilidad necesaria se debe basar en el reconocimiento de su pluralidad y en la integración de su diversidad. Una España que cuida y fomenta la lealtad y la colaboración entre el Estado, las autonomías y los municipios. Una España que para mayor eficacia y participación debe buscar la mejor distribución de competencias y recursos ente las instituciones. Una España que en beneficio de la convivencia no debe tener miedo a adecuar la Constitución a las necesidades que se avecinan. Una España en la que cada ciudadano sienta su españolidad como quiera pero, al mismo tiempo, contribuya al proyecto común.

Es evidente que hay diferencias. Aunque, lo bueno es que existe la democracia. Cada vecino o partido puede defender su proyecto. El secreto reside en no ser sectarios. No hacer de nuestra idea un pensamiento excluyente. No acusar a los otros, por su disparidad, de antipatriotas. Si así fuera, una de las dos Españas seguirá helando el corazón de la otra. ¡Ya está bien!