n el PSPV-PSOE huelen a victoria. El viernes, en la presentación de Ignacio Subías como candidato a la alcaldía de Castellón, desde Pla al último militante respiraban triunfos. Sin comerlo ni beberlo, entre el Prestige y la guerra, los socialistas se encuentran con un ambiente favorable. Aparentemente los proyectos políticos importan poco.

Pero no deben vender la piel del oso antes de cazarlo, porque aunque el cien por cien de los españoles (no sólo el 91 por ciento) estemos en contra de la guerra, la urna exige una responsabilidad directa que no cotiza invariablemente para los socialistas. Recolectarán mejor en Esquerra Unida que en el PSPV-PSOE, porque al final la mayoría está en el centro.

La guerra no gusta porque es una acción extrema. Pero en ese gran colectivo del centro tampoco gustan las algaradas contra la guerra.

Si la guerra acaba pronto, esos miles de votantes que da la mayoría optará por lo que les pidan sus intereses como electores. La pregunta que queda en el aire es qué opción tienen los miles de manifestantes diarios: ¿Son ya votantes de Esquerra Unida y el PSOE?

Los socialistas deberían reflexionar sobre estos extremos para abundar en el nuevo aroma que transpiran. El oso hay que cazarlo y para eso deben convencer a los votantes que su opción es más interesante que la del PP. Y eso no es sólo estar en contra de la guerra.