icen los del PP que les ha cambiado la cara. Desde que cayó la estatua de Sadam Husein el Partido Popular ha recuperado el optimismo, la alegría política. Ahora vuelven a creer que pueden ganar las elecciones del 25 de mayo. Están exultantes, optimistas, como si no se hubiera hundido el Prestige ni se hubiera invadido Irak.

Como a los socialistas les ocurría en plena guerra, los populares están vendiendo en plena paz la piel del oso antes de cazarlo. Ni aquéllos lo tenían todo ganado porque Aznar se había hecho la foto de las Azores, ni ahora los populares son el Guerrero del Antifaz.

El escenario vuelve a estar donde debía estar siempre. La opción es entre Vilanova y Capella (en Vila-real) o entre Gimeno y Subías (en Castellón). El optimismo se tiene que traducir, pues, en hacer las mejores propuestas para convencer a los electores. valenciano

a ley de la ministra Castillo fijando en cuatro horas semanales las clases de castellano ha alertado a los defensores de las clases en valenciano. Ambas posturas son complementarias. Lo grave en la perdurabilidad del valenciano es que pierde su presencia en la calle, en la familia. Resulta vergonzoso que en Castellón haya padres o profesores valenciano parlantes que hablan a sus hijos o alumnos en castellano.