El futbolista Saviola fue víctima de un robo en una autopista. Desconfió de un coche que se colocaba junto al suyo y desde el que uno de los hombres le hacía señales, como si le avisara de algún problema. Saviola no hizo caso. Pero el coche de los ladrones era potente y terminó cerrándole el paso. Parece ser que el futbolista subió prudentemente la ventana, pero olvidó cerrar la puerta lateral.

Es razonable pensar que los ladrones eligieron el coche de Saviola porque es muy caro, y por lo tanto era lógico que, dentro, hubiese más dinero y objetos de valor que si asaltaban un utilitario cualquiera. Los buenos ladrones deben tener capacidad de observación, y los de primera categoría deben tener, además, imaginación y organización.

Un ejemplo lo encontramos en los ladrones que entraron en varios pisos de París. Víctimas: parejas que viven solas en apartamentos de los barrios más elegantes. Reciben invitaciones de butacas preferentes para asistir a una representación de gran éxito en un teatro. Para una fecha concreta. La mayoría aprovecha la ocasión, y cuando vuelve a casa descubre que su piso han sido completamente vaciado. Los ladrones han sabido asegurarse dos horas largas de tranquilidad para realizar su trabajo.

Se las saben todas. Entre los ladrones existe la aristocracia de los que nunca usan la violencia física, y que menosprecian a los de la navaja y la amenaza. "El oficio se está perdiendo", decía un ladrón especializado en realizar un corte muy fino en el bolsillo donde el pasajero de autobús llevaba la cartera. que le caía en la mano de forma limpia y silenciosa.

Pero el caso más extraordinario es el de un ladrón que está en la cárcel de Elmira, en Estados Unidos. Ha declarado unos ingresos de más de dos millones de dólares. Llama a su padre 10 veces al día, y le da órdenes para operar en la bolsa. El padre realiza las transacciones. La cárcel no puede prohibirlo a causa de la libertad de expresión. Ha pasado a hacer negocios honrados, y ahora resulta que no se puede gastar nada de lo que gana.