Leí hace días lo que podría ser el partido de fútbol que esta misma noche disputarán Bar§a y Real Madrid en el Nou Camp, y mi ánimo se turbó. Lo reconozco: me emocioné al pensar que sería tan bonito ver la salida de los jugadores al campo cogidos de la mano de sus rivales...

¿Y por qué no un beso de despedida al acabar el encuentro? He aquí mi aportación a lo que se quiere que sean los partidos entre azulgranas y blancos. Fútbol versallesco, que convierta en una lacra del pasado el clima guerrero que rodeaba los enfrentamientos. Así lo han decidido los dos presidentes, el señor Joan Laporta y el señor Florentino Pérez, para los que no tendré inconvenientes en pedir hasta el premio Nobel de la Paz, si sus objetivos se cumplen.

Habrá un antes y un después en la rivalidad agresiva de ambos clubs, que llevará la fecha del 6 de diciembre. La historia dirá que tal día se aprobó la Constitución, pero también que el Bar§a y el Real Madrid hicieron las paces. ¿Por qué no sumar tan gran acontecimiento al significado de la jornada, llamándola Día de la Reconciliación? Reconciliación y convivencia en todos los órdenes. ¡Qué gran ejemplo ante el mundo!

Cambiará el fútbol y cambiarán otras rivalidades mal entendidas entre ambas capitales. Ya no tendrá gracia aquel chiste que se contaba hasta ahora y que era reversible, gracioso para unos y para otros. Es el del incendio de un edificio en el mismo paseo de Gr cia. Los empleados suben todos al terrado, donde se les aparece Sant Jordi. "No temáis --les dice--, lanzaos a la calle, que un ángel os frenará a un metro del suelo". Mueren todos y en el más allá acuerdan ir a denunciar la putada ante Dios. "¿Sant Jordi, decís? ¡Ah! Ha sido San Isidro, que os ha gastado una broma de las suyas". El chiste se puede contar al revés, pero pronto ya no tendrá gracia.