Varios ilustres intérpretes de la chanson han grabado nuevos discos, que estos días se ponen a la venta aquí. Además de Aznavour, Juliette Gréco, Moustaki y Serge Reggiani, figura el gran mito de los años 60 Salvatore Adamo (Comiso, Sicilia, Italia, 1-11-1943), aquel que mientras caía la nieve-ponía las manos en la cintura-de ella-que llevaba un mechón de su cabello-en bandolera.

Nada menos que hace casi 44 años que Adamo triunfó en un concurso de Radio Luxemburgo, gratificante por partida doble: para él mismo y para su padre. Éste, un amante de la ópera y de la canción napolitana que encontró trabajo de minero en Bélgica, adonde en 1947 trasladó a su familia, no creía que se pudiese ser cantante profesional sin una gran voz. Su hijo le demostró que sí. Antes de morir en agosto de 1966, pudo disfrutar de la consagración de Salvatore, el 12 de enero de 1965, en el recital del Olympia de París. En aquel templo musical, dos años antes había actuado de telonero de Cliff Richard y los Shadows.

Con el tiempo, Adamo ha ido rebajando el romanticismo y ampliando la conciencia social y política. Sus denuncias cantoras han abordado desde la dictadura franquista (Manuel) y el totalitarismo soviético (Vladimir) hasta las guerras de Bosnia y de Kosovo.

Al Adamo embajador de Unicef desde 1993 ya le cae muy lejos la dulce Paola.