Vuelve la lírica, después de la retórica épica, en los años gloriosos del caudillo de las Azores. Lírica femenina, sobre todo gracias a Rodríguez Zapatero, cuyo compromiso por la mujer ha llegado a los hechos.

Ahora le llega el turno al Constitucional y nos asombramos para bien: una mujer, progresista y sensible a las autonomías, presidirá el alto tribunal y alejará del recuerdo la sombra alargada de Jiménez de Parga. Dicen que hay revuelo en los corazones conservadores y que las vestiduras de la derecha se han roto por los pasillos. No es extraño: la elección de María Emilia Casas supone un duro golpe para la concepción de Santiago y cierra España del Constitucional. Y un duro golpe al inmovilismo. Es decir, tiene todos los ingredientes para ser una magnífica noticia.