El lobo Slobodan Milosevic es, en realidad, un zorro. Ahora ha conseguido retrasar su casi eterno juicio, abierto el 12 de febrero del 2002, con el argumento de que no puede leer su propia defensa (rechaza tener abogado), porque los médicos indican que su corazón quizá no resista las largas sesiones a las que podría ser sometido. Quien está acusado de genocidio, crímenes de guerra y atentados contra la humanidad en Croacia, Bosnia y Kosovo, no puede morirse durante su juicio. Fallos y glorias de los procesos democráticos.

Slobodan Milosevic (Pozarevac, Montenegro, Yugoslavia, 20-8-1941), expresidente de la Federación Yugoslava, permanece en la prisión de Scheveningen, a las afueras de La Haya, desde el 29 de junio del 2001. Hijo de un pope ortodoxo, que se suicidó, al igual que su madre y una tía materna, estudió Derecho en Belgrado y trabajó como banquero en Estados Unidos. De nuevo en su país, logró ser presidente de Serbia y realizó una serie de maniobras para conseguir presidir el 27 de abril de 1992 la fundación de la República Federal de Yugoslavia.

Desde entonces, Milosevic mantuvo un constante enfrentamiento con las normas de convivencia internacional y terminó por ser inculpado de responsabilidad criminal directa. Se amparó, sin embargo, en su alta cuota de popularidad nacional, y a ella recurre todavía. Vano intento.