Vuelve Charles Robert Redford (Santa Mónica, California, 18-8-1937), ahora dirigido por un debutante holandés en La sombra de un secuestro, película en la que ve el espíritu de cine independiente que mima en su instituto de Sundance.

Si Robert Redford no existiera, el cine americano tendría que inventarlo. El protagonista de películas como Dos hombres y un destino, El golpe, Una proposición indecente, etcétera, pronto se dio cuenta de que tenía que ceder en algo para aspirar a lo más gratificante. Él lo ha dicho así: "Mis trabajos como actor pagan mis locuras como director ... Acepto trabajar en grandes películas para que me dejen hacer las pequeñas". Para este paradigma de la modestia, las pequeñas películas son las que decide dirigir. Como cuando se estrenó con Gente corriente (1980), ganadora de cuatro oscars, entre ellos el de director. Después ha tenido menos suerte, excepto con la demoledora película Quiz show (1995).

Ecologista consecuente, Redford lo demostró luchando contra la construcción de una autopista en las montañas de Utah, en donde montó un rancho con energía solar y el citado instituto cinematográfico que vela por los nuevos valores al margen de la industria. En 1979, rechazó ser candidato a senador por el Partido Demócrata. ¿Por qué? "Sé que en un cargo político no me dejarían hacer lo que quiero. Hay demasiados compromisos".