Qué hacía el 22 de noviembre un diplomático tan experimentado como Miguel Ángel Moratinos Cuyaube (Madrid, 8-6-1951) en el programa del micrófono menguante de TVE? Ni más ni menos que correr el riesgo de meter la pata. Y la metió: un ministro de AAEE no puede hablar a la ligera de algo tan grave como un golpe de Estado. Ayer, en el Congreso, se zanjó la cuestión. Moratinos pecó en la forma, y Aznar en el fondo, cuando en el 2002 se apresuró a dar por buena la asonada contra el venezolano Chávez.

El ministro, que ayer dio plantón a los consellers González Pons y Gema Amor en el tema del valenciano, hará bien en concentrarse en sus deberes, complejos y prolijos. A saber: referendo europeo; aportación española en Oriente Próximo; conflicto del Sáhara; disidencia anticastrista, y tensión con EEUU.